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Otras opiniones

¡Qué fotógrafa, ni qué niño muerto!

Septiembre 14, 2015

Tenemos cierta tendencia a emparentarnos con las aves, y queda suficientemente acreditado con las diversas actitudes mantenidas por nuestros mandatarios a lo largo de la ejecución de su labor en los cargos de responsabilidad para  los que han sido elegidos.

La política del avestruz –¡ya ves tú!- es la que más nos alinea con aquéllas, y es la que se pone en práctica cuando hay que tomar decisiones comprometidas y tratan de evitarse por falta de voluntad ante el temor de las consecuencias derivadas de su aplicación, o bien por pura desidia a la espera de que el tiempo pueda ir enfriando el hirviente caldo de cultivo de las miserias acarreadas por diferentes grupos sociales.

Avestrucismo

El resultado: la situación de los sirios afectados por su conflicto interno y al que la comunidad internacional ha hecho oídos sordos con la ceguera propia de la inacción. Bien, pues ya tenemos aquí las consecuencias de la cabeza bajo el ala (avestrucismo) a la que nos tienen acostumbrados los órganos de poder internacional: los desplazados, víctimas de la guerra habida en su país de origen, y que huyen del conflicto por miedo, que es libre cuando estás preso de él.

Hasta ahora nos visitaban los migrados por el hambre y la miseria: los tiznados moradores de pateras y cayucos que albergan la ilusión de conectar con el primer mundo. Comparten con los hermanos de Oriente Próximo el protagonismo de frecuentar el medio marino para salir a flote, si bien una porción paga dos precios: el del traslado y el de la sumersión, participando en el parque temático antropoictiológico como figurantes de la luctuosa pasarela del gran acuario del fracaso por la supervivencia, al perecer en su intento de llegar a otras orillas más septentrionales.

Queda demostrado que, por seguridad, se debe poner puertas a la distribuidora Alcampo, pero no se puede al campo; ni a sus campesinos y transeúntes en excursión por el supermercado de la subsistencia, que se hacen acompañar con cortes, rasguños y los amoratados puntos cardenales nacidos por causa del nomadismo a través de los cuatro puntos cardinales en la conquista de una mejora en su vital integridad.

La ayuda civil

Los futuros asilados han contado con un aliado conocido pero inesperado: la ayuda civil humanitaria. Ha bastado con que los ciudadanos sometidos al imperio de sus mandatarios, junto con alguno de los nuevos regidores, hayan dicho esta boca es mía y esta propiedad también, para que las aletargadas autoridades se empiecen a rasgar sus caras vestiduras después de que los afectados hayan roto las suyas al atravesar las afiladas concertinas.

El desprendido y humanitario Padre Angel (Mensajeros de la Paz) ha sugerido a los de alpaca y seda, que en vez de reunirse en los despachos deliberando sobre los pasos a seguir y estableciendo el número de inquilinos por aceptar, al que se mostraban remisos, deberían de estar cerca de los campos de refugiados (un eufemismo de los de concentración).

Hasta hace unos días, la actuación de los representantes de nuestro Gobierno pasaba por escudarse en el PIB y la tasa de desempleo a la hora de aceptar las cuotas de acogida marcadas desde la Comisión Europea. Pero ¡fíjate por dónde! que el Canciller Brey y algunos de sus subordinados de la Moncloa han reparado que “con la que está cayendo” –Mariano– no está el horno de las estadísticas para bollos de auxilio a medio cocer.

No obstante, que no cunda el pánico; en la órbita de los afincados en su propio ombligo racial se plantearán de soslayo: ¡Qué fotógrafa (Petra) –la zancadillera-, ni qué niño muerto (Aylan) –de la playa-!

Paco de Domingo