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Otras opiniones

Que Carmen Vela vele por ellos… los científicos

Enero 16, 2012

Los estacazos que está recibiendo la bióloga Carmen Vela en algunos medios -de “ultraderecha”, dicen medios “progres” de pacotilla-, a raíz de su nombramiento como secretaria de Estado de Investigación, Desarrollo e Investigación -se echa en falta la palabra ciencia-, se sustentan en un derecho sagrado de cualquier ciudadano ante la acción pública y en una obligación de todo periodista decente, vigilante ante el poder.

Se le achaca a Vela que ha sido cejatera, que ha firmado manifiestos de la Zeja. ¿Y qué? ¿No  los han firmado, por ejemplo, el humorista Forges, el académico Francisco Rico y los escritores  Juan Goytisolo, Juan José Millás y Caballero Bonald y ahí están encumbrados, premiados y galardonados por el hombre de las cejas circunflejas, como grandes de la patria. ¿Y Joaquín Sabina, cantante cejatero de la primera hora, galardonado, incluso, por Esperanza Aguirre?
A fin noble, no a noches blancas rayadas
También se acusa a la nueva secretaria de Estado de haber recibido subvenciones del Gobierno anterior en la empresa Ingenasa, dedicada a la investigación biotecnológica, especializada en sanidad animal, que surgió en 1981 en colaboración con el Centro de Biología Molecular. Al menos,  las subvenciones se han dedicado a un fin noble, no a noches blancas rayadas y otras francachelas andaluzas, con ERES falsos, como dicen que hacía con nuestro dinero el responsable del paro en Andalucía. O a estupideces tipo Aido y Pajín, como diseñar el mapa del clítoris o mejorar los estados de ánimo de los hipopótamos en Kenia.

Entre otras funciones, la  nueva secretaria de Estado tendrá a su cargo todos los organismos públicos de investigación, incluyendo el Instituto de Salud Carlos III de Madrid, que antes estaba adscrito al Ministerio de Sanidad. Este organismo incluye al Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas y al Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares, que deben  marcar la investigación puntera científica española. Estos dos centros están galardonados con el distintivo Severo Ochoa, el Nobel de Medicina.
 
 A propósito de Ochoa, poco sospechoso de ser de derechas –Negrín fue su mentor-,  al que tuve el honor de realizar la última entrevista de su vida, en 1993,  me contaba las claves del desarrollo científico español de hoy y de siempre, en plena decadencia del gobierno felipista: “ No creo adecuada la política científica del  gobierno español. Creo que política y ciencia son incompatibles. El PSOE y el gobierno están dirigiendo su ciencia y no le prestan la atención que debían prestarle. No creo que se den cuenta de lo importante que es la ciencia  para el desarrollo y el bienestar de un país. Me refiero a la ciencia hecha en este país, no la ciencia comprada”.
 
Compramos ciencia, exportamos científicos

Desgraciadamente, compramos ciencia, mientras exportamos genios científicos y encumbramos a otros “genios” de la patada y el raquetazo que nos llevan a beneficio cero –salvo los cuatro interesados-, y a una imagen de ciencia de pandereta cada vez menos tópica.  En mi densa vida profesional, muchos de los mejores científicos líderes en el mundo en diversas disciplinas, que he tratado, eran españoles. Pero todos estaban fuera de nuestro país, la mayoría emigrados a Estados Unidos entre los años 70 y 80, buscando mejores oportunidades,  que han desarrollado allí lo mejor de sus trabajos, como son los casos de los oncólogos  José Baselga, Mariano Barbacid, Manuel Perucho y Joan Massagué o del biólogo Francisco Ayala, por citar algunos ejemplos brillantes.
 
Barbacid, madrileño, que regresó a España, aunque ha sido maltratado políticamente, descubrió con su equipo, en 1983-84,  EE. UU. algo clave en la investigación del cáncer: el aislamiento de un gen humano mutado, capaz de causar la enfermedad, lo que se llama oncogén humano: un avance clave en las bases moleculares. Por menos, por el desarrollo de ese descubrimiento, le dieron el Nobel de Medicina en 1989,   a los estadounidenses  Harold E. Varmus y J. Michael Bishop.
 
Frailes antes que científicos: Ayala, Santos Gastón… y tantos
El barcelonés José Baselga, director del Servicio de Oncología Médica del Hospital Valle de Hebrón de Barcelona, y miembro de la Asociación Americana de Investigación del Cáncer, ha aceptado el cargo de la división oncológica del Massachusetts General Hospital, en Boston, uno de los centros más prestigiados del mundo. Baselga está considerado como uno de los cerebros del cáncer en USA, por eso se lo llevan.
 
Manuel Perucho, albaceteño, ahora director del Instituto de Medicina Predictiva y Personalizada del Cáncer, de Barcelona, está considerado  como uno de los mayores expertos en genética del cáncer; es decir en  predecir el riesgo de padecer un cáncer desde el nacimiento.  Trabaja a caballo entre el centro catalán y el laboratorio de Genética del Cáncer en La Jolla (California), donde ha desarrollado investigaciones muy importantes durante décadas.
Al madrileño Francisco J. Ayala, cuya proyección científica se ha desarrollado plenamente en EE. UU., le conocí cuando en España era un desconocido, pese a ser asesor científico del presidente Bill Clinton. No en balde era presidente de la Asociación Estadounidense para el Avance de la Ciencia y posee la medalla Nacional de la Ciencia de EE.UU., amén de poseedor de diversos títulos honoris causa de las principales universidades. Considerado uno de los principales especialistas en biología evolutiva, recuerdo una magnífica conversación con él, compatibilizando brillantemente a Darwin y a Dios, no en balde fue fraile antes que científico.
  
Que Vela vele por ellos
El doctor oscense Miguel Ángel Santos Gastón -del que nos ocuparemos más a fondo en breve-,  jalonó su prestigio en todo el mundo, en el tratamiento de la escleroterapia de varices, en la aplicación de la mesoterapia en flebitis, úlceras de las piernas, linfangitis,  problemas arteriales, así como en la aplicación de la mesoterapia y en intervenciones vasculares, operando en España (especialmente en MAZ, de Zaragoza), y en América. Su destreza científica era tan especial, que recibía la visita de estudiantes de Medicina de medio mundo en los momentos en que actuaba en el quirófano, un espectáculo científico.
Ahora, trabajando en patologías cardiovasculares,  sus inquietudes se centran en poder aplicar la técnica del trasplante de células madre a otros fines como la regeneración del músculo cardiaco. “Imaginemos –dice-, a una persona que haya tenido un infarto de miocardio. Lo que se pretende  es regenerar el músculo, porque ahora lo que regeneramos es la circulación. Sería regenerar un tejido destruido por un infarto“. Esperemos que la exportación científica no afecte al doctor Santos y se quede entre nosotros. La nueva secretaria de Estado, Carmen Vela, tiene mucho que vigilar en este campo.
Sebastián Moreno