Menú Portada
Los puntos cardinales

¡Que alguien proteja al Papa Francisco!

Julio 9, 2013

Es un hecho, incluso para quienes no siguen los dictados de la Iglesia, que la llegada de Jorge Mario Bergoglio al trono de San Pedro ha supuesto un cambio radical en el fondo y en la forma de las cuestiones vaticanas. Los expertos y exégetas de la institución ya advirtieron desde el primer momento que el Papa Francisco iba a suponer un revulsivo. De hecho, esa gente que no siente ningún apego a los dogmas católicos, apostólicos y romanos se ha dado cuenta de que este hombre simpático está cambiando las cosas. Es más; prácticamente en todos los comentarios hay unanimidad a la hora de definirle como “un Papa valiente”. En apenas un mes, el Pontífice ha alertado sobre la corrupción en el seno de la Santa Sede y no ha dudado en reconocer la existencia un lobby gay. Los misterios de la casa del Señor son más inescrutables que en cualquier otro lugar mundano y terrenal. Todo en el Vaticano es un cónclave, es decir, etimológicamente todo está “bajo llave”. Pero en estas llegó un sonriente cardenal argentino y abrió los postigos para que entrase el aire fresco. Y la lio. La hasta ahora última andanada de Francisco a los tradicionales hábitos de la Curia la lanzó el domingo ante seis mil seminaristas y novicias, a los que confesó que le duele ver a responsables de la Iglesia en coches de alta gama. Es, como digo, la última señal de alejamiento de un boato hasta ahora intocable que hace que en los asuntos vaticanos exista un hedor a catacumba nauseabundo.

Corrupción financiera

Quizá una de las personas que mejor conozca las interioridades de lo que ocurre en la Plaza de San Pedro sea el periodista Marco Politi, que hace unos días aseguraba que el problema del Vaticano no es que haya un lobby homosexual, como admitía el Pontífice argentino, sino la existencia de lobbies, – en plural- , de corrupción financiera, entramados de blanqueo de dinero y evasión fiscal de muy difícil defensa ante los ojos de Dios. Alertaba Politi de la cantidad de príncipes de la Iglesia que acumulan grandes cantidades de dinero de extraña procedencia. En el caso de la trama gay, la Fiscalía de Savona está investigando si se han llevado a cabo fiestas sexuales con menores en alguna dependencia vaticana. Por ello, la decisión y el coraje de Bergoglio nos hacen pensar en algunos episodios de las décadas más recientes que tuvieron un evidente eco mediático pero escasas consecuencias para la institución como tal. Recuerden, por ejemplo, el turbio asunto de la muerte a tiros en 1998 del jefe de la Guardia Suiza, el comandante Alois Estermann, y del cabo Cédric Tornay, entre quienes había algo más que una relación de obediencia jerárquica. Y no olviden, desde luego, la venta de la Societá Génerale Inmobiliare, probablemente la piedra base sobre la que se levantó el gran edificio de las finanzas de la Santa Sede. Muchas veces en esta sección recurrimos al cine porque resulta de lo más ilustrativo. Por eso no les costará trabajo hacer memoria y recordar que en “El Padrino III”,  Michael Corleone, el jefe de la familia homónima, adquiere la mayoría de las acciones de una empresa vaticana que, cosas de la ficción, se llama Inmobiliare. En la misma película, el Papa fallece misteriosamente en su lecho después de ingerir una infusión. También nos hemos referido aquí al libro “En el nombre de Dios”, del investigador británico David Yallop, editado por Planeta, en el que el autor establecía una relación causa-efecto que nadie ha refutado entre la muerte de Juan Pablo I y las pesquisas que el Papa Luciani quiso poner en marcha al conocer actividades vaticanas totalmente alejadas de los diez mandamientos. Ahora es Francisco quien se ha propuesto sajar las pústulas que infectan a la Iglesia, totalmente consciente de que Juan Pablo I intentó hacer lo mismo y duro treinta y tres días.

Ángel Gonzalo, Redactor Jefe Internacional de Onda Cero.