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Otras opiniones

Putas y Misses

Abril 28, 2010

Vuelve el escándalo. Y lo hace por la puerta grande. Miss España en el punto de mira, después de que Irene López, Miss Ourense, denunciara públicamente haber sido víctima de supuestas irregularidades durante su estancia en Cancún, donde se celebró la última edición del polémico concurso. Entre otras cosas, la rubia, que se ha reciclado en actriz porno y novia del cubano Dinio, asegura que mientras luchaba por hacerse con la corona, hubo quien le ofreció cerca de cuatro mil euros por pasar una noche, con cocaína y alcohol a borbotones, con señores mexicanos de cargos importantes. Dice que le propusieron mantener sexo a cambio de dinero. Una afirmación que no ha hecho más que aumentar una polémica que se arrastra desde tiempos ancestrales. Y me encanta. Es como descubrir todas las piezas de uno de los puzles más sofisticados del mercado. Todo son críticas. Y eso que ya estábamos acostumbrados, pues la Organización entró en declive cuando se descubrió a la delegada de Múrcia y Alicante, María Elena Dávalos, con las manos en la masa. La Dávalos vendió la corona provincial a una periodista infiltrada que dejó patente la oscuridad que persigue al certamen. Lo más curioso es que, de alguna manera, Maria Elena se ha convertido en la actualidad en una especie de azote incansable de Miss España. Me recuerda a la siliconada Isabel García Marcos que, a pesar de haber estado enchironada por supuestos trinques, se atreve a denunciar a los políticos tribuletes de Marbella. ¡Válgame Dios! Nunca he entendido los concursos de belleza en los que lo único que se valora es la cantidad de pectoral y tetas de los aspirantes a convertirse en iconos de la moda. Está bien cuidarse, pero es lamentable que adolescentes con escasa cultura general, sueñen con modelar sobre la pasarela como si nada más le importara. Sin embargo, todo tiene su parte positiva. Lo que más me divierte de este polémico debate acerca de los entresijos de Miss España es comprobar cómo las putas se convierten en mises y las mises en putas por arte de la palabra. Yo no entiendo nada. Y menos que si tan graves son los acontecimientos, nadie haya acudido a los tribunales para pedir cordura y clemencia. Es lo mínimo que se podría hacer. Suerte, y al toro.
Saul Ortiz es periodista y novelista