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Mensaje en una botella

Puritanos

Enero 21, 2010

Son unos puritanos. Los españoles que se oponen al derecho a copiar en los exámenes son unos “puritanos”, según el diputado que se ha convertido en uno de los comunistas más buscados por el FBI. Esperaré un par de líneas a escribir su nombre, no vaya a ser que la implacable policía federal estadounidense también vigile las entradillas de los columnistas del Extraconfidencial.com.
 
Mejor ahora. Creo que en este segundo párrafo ya estoy a salvo. Me refería a… tachán tachán… Gaspar Llamazares. El diputado de Izquierda Unida se confiesa “puritano” en materia académica y, como parece natural en todo universitario, rechaza que exista el derecho a copiar porque supone “salirse de las normas de la convivencia educativa”.
Depende de la calidad de la chuleta 
Se nota que no ha estudiado en la Universidad de Sevilla, en la que acaba de descubrirse la piedra filosofal que permite convertir los cates en aprobados, notables o sobresalientes… depende de la calidad de la chuleta. La Normativa reguladora de la evaluación y calificación de las asignaturas de esta universidad avanza sobremanera en el terreno de los escasos derechos del alumnado y establece que el alumno que sea sorprendido copiando tendrá derecho a acabar su examen.
 
Se pone fin de esta manera a siglos de injusticia, en los que la despótica costumbre extendida entre el profesorado era la de retirar el examen al alumno, expulsarlo del aula y suspenderlo. Por fin una mente preclara arroja luz en la penumbra permanente en que malvive la comuna estudiantil universitaria. Resuenan los ecos de Mayo del 68, se oye un clamor reivindicativo que devuelve a los alumnos a las barricadas en demanda de nuevas conquistas… mientras los alumnos cambian el iphone a modo vibrador para atender cualquier llamada urgente. Nunca se sabe cuándo pueden citarte a una kdd (léase quedada).
!Qué ejemplo! 
Pero esta gesta universitaria no queda ahí. El alumno que sea sorprendido copiando no sólo tendrá derecho a acabar su examen. También tendrá derecho a que un tribunal, formado por tres profesores y tres alumnos, decida si el alumno ha copiado… después de oír a los implicados. Para garantizar que el tribunal medita con serenidad su decisión, tendrá un plazo de treinta días para dictar sentencia.
 
¡Qué ejemplo para la Justicia, tan necesitada de nuevos impulsos que la hagan avanzar a paso de gigante! ¡Qué espejo en el que mirarse para los magistrados del Tribunal Constitucional, hasta ahora incapaces de resolver sobre el Estatut y a partir de ahora seguros de encontrar inspiración en la hercúlea labor de estos jueces!
 
Una vez más, los políticos vuelven a ir un paso por detrás del clamor social. Mariano Rajoy no ha llegado a tiempo de incluir esta innovadora medida en su flamante propuesta educativa y el ministro Ángel Gabilondo ha proclamado que “copiar es engañarse a sí mismo”. Parece el presagio de que el esperado Pacto por la Educación dejará fuera semejante propuesta.
 
Pero de confirmarse la rectificación de última hora de la Junta de Gobierno de la Universidad de Sevilla, esta revolucionaria medida será abolida. En estos tiempos de incertidumbre, en este semestre de Presidencia Europea en que todos necesitamos ver la luz al final del túnel… vuelve a demostrarse que nadie es profeta en su tierra, siempre que su tierra sea esa vasta piel de toro que todos llamamos… ¡España!
 
Podíamos ser un ejemplo para Europa. ¡Qué digo para Europa, para el mundo entero! Pero esta hazaña puede quedar reducida al vago recuerdo de unos momentos. Y esos momentos, como profetizó el replicante Roy Batty, “se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia”.
 
Juan Diego Guerrero es director de Noticias Fin De Semana en Onda Cero