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Otras opiniones

Precampaña fétida

Febrero 13, 2011

Partido socialista y Partido Popular llevan gobernando demasiado tiempo en según qué lugares y la experiencia democrática de la España reciente demuestra que mucho tiempo sin alternancia en el poder suele ser igual a aumento de la corrupción. Ningún Gobierno de más de ocho años, dos Legislaturas de duración y sea del color que sea, se ha librado de una lacra que va en la condición humana: la tentación de meter la mano en la caja del dinero que se custodia y/o, sobre todo, el aprovechamiento del tráfico de influencias inherentes al cargo público que se ocupa.

Y éste período preelectoral de cara a las municipales y autonómicas de mayo está resultando con diferencia uno de los más condicionados por el lastre de la corrupción desde hace más de un lustro. Y lo curioso es que, como si de la Italia de Berlusconi se tratara, hay casos en los que la imputación de destacados dirigentes políticos no es ni mucho menos proporcional a los resultados en las urnas. Y esto abre un debate sobre la pregunta que, más desde el ámbito de los juristas y el constitucionalismo que desde la propia política, muchos se empiezan a plantear: ¿Se hace necesario un cambio de legislación para  que un dirigente político imputado o, sobre todo, condenado por corrupción no pueda volver a concurrir a unas elecciones como candidato por mucho que reciba el apoyo de las encuestas y, consiguientemente, de su partido?

El escándalo de los ERES en Andalucía, donde el PSOE gobierna desde la transición y donde cargos de ésta formación han podido lucrarse de dineros que pertenecían a los parados -y además, con el actual presidente de la Junta, José Antonio Griñán, al frente por entonces de la Consejería del ramo-, puede certificar la mayoría absoluta para el PP en el Ayuntamiento de Sevilla. Y si no se depuran responsabilidades políticas -porque la acción judicial no va a parar-, puede confirmar que la puerta de Andalucía para la mayoría absoluta de Rajoy en las generales quedaría abierta de par en par, sin descartar el Gobierno autonómico como en su día ya pasó en feudos clave como Cádiz o Málaga. Dicho esto,  la reacción de huida hacia adelante de los dirigentes del PSOE, con Chaves a la cabeza en la convención municipal de este pasado fin de semana, ha sido sencillamente patética.

Al PP, también

Pero Tampoco Rajoy escapa a algo que amenaza con colarse de rondón y como primer referente en la  precampaña. El líder del PP solo alcanzaba a esbozar una mueca parecida a una sonrisa cuando, también este fin de semana, era preguntado sobre su apoyo o no a la candidatura de Francisco Camps para repetir al frente de la Generalitat valenciana, a propósito de las “cuatro corbatas” a las que ha aludido el también popular González Pons. Y en este caso, desde el PP valenciano y desde el sentir de muchos que creen en la honestidad del actual presidente de esa Comunidad, se echa de menos un apoyo, si no más decidido, al menos más claro por parte del número uno del PP nacional.

En Madrid, Esperanza Aguirre ha tenido la inteligencia de situarse como primera damnificada por la deslealtad de algunos y, consiguientemente, como primera abanderada de la depuración de responsabilidades en el caso Gürtel. Una bola que ya hace tiempo que voló gracias al raquetazo de la presidenta madrileña. Mientras tanto, la número dos del partido socialista madrileño de Tomás Gómez, sigue sin ser apartada tras su reciente, no imputación sino condena, por irregularidades en  su etapa de mandataria municipal.

Las aspiraciones de José Ramón Bauza -al que muchos comparan por el perfil político y por la circunstancia actual de su comunidad con Núñez Feijoo-, para conseguir el Gobierno de Baleares, chocan, a pesar de las encuestas favorables que remarcan la mayoría absoluta, con el lastre del caso “Palma Arena”, tras la acusación por parte de la Fiscalía Anticorrupción al ex presidente Jaume Matas de actuar con interés personal y “partidista” a la hora de amañar la contratación de más de un millón de euros por la maqueta de una opera en la Bahía de Palma de Mallorca.

Lavar las alfombras y tenderlas en la calle

Del efluvio fétido de la corrupción tampoco se está librando el Gobierno socialista del Principado de Asturias, ni los municipios de la costa gallega, ni prácticamente una sola Autonomía del país. Pero con independencia de la dimensión de cada caso, y por aportar algún dato contante y sonante para la reflexión, diremos que la clase política no es corrupta. Que se trata de una inmensa minoría, eso es cierto, pero el que casi setecientos mandatarios  municipales de cualquier color político en localidades grandes, medianas, pequeñas o muy pequeñas de toda España -y además relacionados con el la dichosa Concejalía de Urbanismo-, se encuentren inmersos en procesos judiciales o sean objeto de denuncias e investigaciones, llama cuando menos la atención y recupera otra pregunta sobre el exceso de “autonomía municipal” en negociados como el citado de Urbanismo o algunos otros relacionados con el reparto de los dineros.

La máxima que muchos ya empiezan a plantearse de cara al 22 de Mayo parece cada vez más clara y también la recogemos de boca de un dirigente socialista en la Convención de este fin de semana en Sevilla: “El que quiera ganar, que lave las alfombras y las tienda a la vista de la calle”.

Julián Cabrera es Director de los Servicios Informativos de Onda Cero