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¡Qué fuerte!

Por fin libres

Mayo 9, 2013

Hace unos días nos levantamos consternados por la noticia de la liberación de tres chicas que habían sido secuestradas hace diez años. Diez años de vida que han sido arrebatados para Amanda Berry, Gina de Jesús y Michelle Knight. Las tres jóvenes de Cleveland secuestradas por Ariel Castro. Un tipo sin escrúpulos, loco y malo, que las ha mantenido en cautiverio en las condiciones más inhumanas que cualquier persona pueda soportar. Sólo ellas saben lo que han pasado, lo que han sufrido, lo que han llorado y el miedo que han tenido. Nosotros, por ahora, sabemos que fueron violadas constantemente por su raptor, que las tuvo secuestradas en habitaciones separadas, incomunicadas, atadas como animales, golpeadas y vejadas de todas las formas posibles. Una niña ha nacido durante este cautiverio. Otros cinco abortos provocados por patadas del salvaje secuestrador impidieron que nacieran más. Una llave que Ariel Castro olvida echar al salir a la calle es la llave de la salvación de las tres mujeres y la niña. Por fin en libertad, les será difícil volver a la vida normal, no podrán retomar sus vidas en el punto en el que las dejaron, pero si podrán comenzar una nueva llena de pesadillas, secuelas y marcadas para siempre con la esperanza de ser felices algún día. Mientras tanto, todo el peso de la ley caerá sobre Ariel Castro, sin contemplaciones ni miramientos. Sin piedad. Por lo pronto, una fianza imposible de pagar antes de que sea condenado, seguramente, a cadena perpetua.

Recuerdos de casos anteriores

Este caso trae a la memoria rápidamente el de la chica austriaca, Natascha Kampusch, un secuestro en Viena en condiciones similares que también conmocionó a la sociedad. Pero no son las únicas. Gracias a las hemerotecas podemos comprobar que son muchos los casos de secuestro similares al de estas chicas. En Estados Unidos, Austria, Italia, Japón y Brasil. Todos parecidos; hombres que secuestran a jovencitas, abusan sexualmente de ellas, tienen hijos y, por un descuido, consiguen escapar. Muchos de los casos acaban con el suicidio del secuestrador o con él en la cárcel de por vida. Y, curiosamente, todos, absolutamente todos los casos que hay de este tipo son de hombres hacía mujeres. A ninguna mujer le ha dado, a día de hoy, por secuestrar a un hombre, violarlo, vejarlo, maltratarlo y humillarlo como hacen ellos con ellas. ¿Será que este tipo de maldad es sólo cosa de hombres?  

Leyendo estos casos es inevitable acordarse de Marta del Castillo. Más de cuatro años hace que Marta desapareció y, aún sabiendo quienes son los culpables, ya que ellos mismos así lo han declarado, la justicia en España es incapaz de sacar a cuatro niñatos la verdad de lo sucedido y el paradero de su cuerpo. Tampoco caerá sobre ellos todo el peso de la ley porque en España no se permite que así sea. Unos locos asesinos que torean a las autoridades y a la sociedad entera con las diferentes versiones que se les ocurren dar, provocadas tal vez por la frialdad de esas mentes criminales o por consejo de sus abogados defensores. Pero Marta sigue sin aparecer y Miguel Carcaño y compañía siguen riéndose de todos. Una pregunta surge cada vez que sale una noticia nueva sobre Marta del Castillo: ¿podrán conciliar el sueño los abogados defensores? Desde luego, los padres de Marta no pueden, no hasta que no tengan un sitio dónde ir a rezarle a su hija.

Rosana Güiza Alcaide