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Mensaje en una botella

Por donde amargan los pepinos

Junio 2, 2011

Era impepinable. Un Gobierno que se siente dueño y señor de la Unión Europea (con permiso de monsieur Sarkozy) no iba a tener contemplaciones con otro Gobierno que pasa con más pena que gloria por la Europa de los 27. O eso es lo que podemos deducir después del episodio del pepino español homicida que ha resultado ser inocente. Aquí también debería haberse aplicado la presunción de inocencia: todo pepino es inocente hasta que se demuestre lo contrario.

Esto debería saberlo bien Angela Merkel. Me refiero a la canciller porque me desenvuelvo mejor con su nombre que con el de la ministra Ilse Aigner o con el de la la consejera Cornelia Prüfer-Storcks. Esta última, consejera de Agricultura del Estado de Hamburgo, fue la que colgó el mochuelo a los pepinos españoles porque había que señalar con el dedo al culpable de la epidemia que ya ha dejado al menos 17 muertos. Esta consejera es Billy El Rápido sentenciando pepinos.

A dentelladas

La ministra de Agricultura alemana debió de ver a la consejera andaluza del ramo, Clara Aguilera, y eso le hizo pensar. La señora Aguilera se comió un pepino a dentelladas ante las cámaras y con el pepino se comió toda sombra de duda sobre el buen estado de la hortaliza. La ministra debió de quedarse verde como un pepino al ver ala consejera andaluza de Agricultura.

El gazpacho que ha organizado la ministra alemana ha sido muy amargo para los agricultores y productores de pepino españoles. Echar la culpa a nuestros pepinos del fallecimiento de varias personas ha hecho mucho daño a quienes, inmersos en una cruel crisis económica, intentan salir adelante como pueden. Ahora el Gobierno alemán se lava las manos, como quien lava un pepino antes de comerlo, y el marrón se lo comen los mismos que han tenido que comerse media cosecha de pepinos.
 
Dos dedos de frente 

Desatar una alarma alimentaria de esta magnitud cuesta sólo un par de días. Devolver las pérdidas causadas a agricultores y productores cuesta mucho más tiempo. El proverbio Difama que algo queda cobra una terrible vigencia en este caso. No se trata de patriotismo barato. Se trata de sentido común. Se trata de tener dos dedos de frente.

Esta ministra alemana debería darse una vueltecita por España (quizá sería recomendable que lo hiciera de incógnito). Así podría comprobar las bondades del pepino español y descubrir a fondo sus propiedades. De paso, podría averiguar cuáles son las extremidades por donde saben mejor y por donde amargan los pepinos.

  

Juan Diego Guerrero es director de Noticias Fin De Semana en Onda Cero

jdguerrero@extraconfidencial.com