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Otras opiniones

Política (II)

Mayo 12, 2015

Las elecciones de este año, son, con gran diferencia, las más importantes desde que se estableció en España el vigente  régimen constitucional. Hasta ahora, como en la casi totalidad del mundo occidental, cada cuatro años los españoles decidíamos si preferíamos un Gobierno socialdemócrata o uno conservador, pero ambos garantizaban la continuidad del sistema democrático y el mantenimiento de un estado de derecho homologable con los de nuestro entorno


Este año la irrupción del nuevo partido Podemos ha cambiado radicalmente las cosas; la escandalosa corrupción en las filas de los partidos tradicionales, la calamitosa gestión económica bajo el Presidente Zapatero y el gravísimo agrandamiento de la brecha social propiciado por el Gobierno actual actuando como brazo armado de la patronal, han creado un monstruo que amenaza con subvertir las propias bases del sistema  democrático en el que, pese a todo, todavía vivimos.

Las concomitancias de Podemos

¿Estoy exagerando?, es posible, pero la historia, ese profeta que mira hacia atrás, nos muestra  evidentes concomitancias de Podemos con los movimientos que abocaron a la Rusia soviética, la Alemania nazi, la Italia fascista, la España franquista, la Cuba castrista o la Venezuela chavista.

Es cierto que en el seno de la Unión Europea y en las actuales circunstancias históricas cuesta imaginar algo semejante pero los orígenes de Podemos, las declaraciones históricas de sus líderes, su papel en el régimen venezolano, su estrategia de partido transversal considerando las ideologías como antiguallas que dividen a la sociedad y que hay que superar, su programa original con el que se presentó a las elecciones europeas, su actual estrategia de “moderación” como medio para conseguir el poder, sus continuas apelaciones a la opinión del pueblo estructurado en ¿círculos? ¿soviets?, su abominación de los demás partidos, su exaltación de la “democracia del pueblo” y de los referéndums (ahora, también por internet) o cuestiones aparentemente menores como la intención de crear una policía fiscal que proteja adecuadamente a los informantes y la adopción de medidas para promover la delación anónima, apuntan hacia un camino que ya se recorrió por los regímenes antes citados.

Promesas y más promesas

¿Y cual es la estrategia con la que Podemos pretende alcanzar el poder y perpetuarse en él? Pues es evidente, la misma que utiliza el régimen chavista con el que sus líderes tanto han colaborado: el clientelismo. Si se consigue que la mayor parte de la población viva de lo que le da el régimen, convirtiendo a los votantes en clientes, la victoria electoral está asegurada y la “auténtica democracia”  (la de Cuba y Venezuela) que ellos proponen no podrá ser frenada por las fuerzas reaccionarias que pretenden cosas tan antidemocráticas como que que funcionen la iniciativa individual y el libre mercado.

Así que Podemos </strong>promete cosas como una renta mínima de inserción (cobrar sin trabajar) igual al salario mínimo interprofesional, hacer todos los servicios públicos y gratuitos, reducir drásticamente la jornada laboral, que nadie nos pueda desahuciar de la vivienda ni privarnos de la electricidad, gas y demás servicios domésticos aunque no paguemos y convertir a todos los parados en funcionarios o empleados públicos, y lo peor es que, si gana y gobierna, llevará sus promesas a la práctica (como aquí no hay petróleo, con cargo a un régimen fiscal confiscatorio que arruinará al país) y ello le procurará una imbatible masa de clientes/votantes de inquebrantable fidelidad. Los perpetuos triunfos del PSOE en Andalucía, que ni siquiera una sucesión de escándalos de corrupción generalizada con miles de imputados y el haber llevado a dicha Comunidad a tener los mayores índices de paro y de pobreza de España han sido capaces de frenar, serían una pálida muestra al lado de lo que nos depararía el triunfo de Podemos.

Populismo y clientelismo

En cuanto al papel en este drama del resto de las fuerzas de izquierda, la evolución de Izquierda Unida, prácticamente fagocitada por Podemos, y la deriva del PSOE de Pedro Sánchez (tan apuesto como inepto) empeñado en conservar su electorado a base de competir con Podemos en populismo y clientelismo y en convertir a España en un estado federal que no dejaría a Cataluña y País Vasco otra alternativa de diferenciación que la independencia, no invitan precisamente al optimismo.

Quizá suene a catastrofista, pero si las elecciones de este año las ganan Podemos y sus adláteres me temo que sean las últimas en mucho tiempo en las que  la democracia no esté totalmente falseada por el masivo voto clientelista y en las que España no esté descolgada del primer mundo; y eso sin hablar de los peligros que se cernirían sobre el estado de derecho y las libertades individuales. Tiene que haber otra solución.

Adolfo Barrio