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Mensaje en una botella

Platón quiere jugar en Primera

Julio 2, 2015

Como Edipo en la encrucijada de caminos que le conduciría a Tebas y a su trágico Destino, el primer ministro Alexis Tsipras se enfrenta a la decisión más trascendental de su vida. El jefe del Gobierno heleno debe elegir la ruta por la que debe transitar su pueblo, que siente que la crisis ha dejado de ser una oportunidad pese a la etimología (naturalmente griega) de esa gastada palabra.


Hemos escuchado y leído ya tantas veces que “Grecia se precipita al abismo”, que me ahorraré la metáfora. Mejor será decir que Grecia vuela en caída libre, igual que Ícaro cuando el sol derritió sus alas. La clave está en saber si alguien hará algo para salvar al hijo de Dédalo.

Hay numerosas maneras de describir la realidad de este mundo que nos ha tocado en suerte. Pero en muchas de esas maneras aparecen referencias a la Grecia que hace  2500 años cambió el rumbo de la humanidad y nos dejó la herencia eterna de la civilización occidental. No hace falta repetir lo obvio porque lo obvio está en los libros: Grecia es la fuente de la que bebieron quienes fueron perfeccionando, con el paso de la siglos, el sistema de convivencia de las naciones civilizadas.

Descendientes y antepasados

Todavía hay lugares del planeta en los que, sabedores de lo que ocurrió en Grecia, sus habitantes miran de reojo los libros de historia y sueñan con poder vivir en otro sitio. Aún hay rincones de la Tierra en los que, al tener noticias de las aportaciones intelectuales de los griegos, sus pobladores sueñan con tener a su alcance una ínfima parte de ese conocimiento. Hay sitios de este mundo en los que Grecia forma parte de un paraíso lejano del que han oído hablar y que no han llegado a conocer.

Los griegos de ahora no son los mismos que los de hace 2500 años. Pero unos son sus descendientes y otros,  sus antepasados. Como escribe Julio Llamazares en El País: “¿Alguien puede imaginar la filosofía europea actual sin Platón y Aristóteles, nuestra literatura sin Homero y Píndaro, nuestro teatro sin Aristófanes, Sófocles y Esquilo, nuestras matemáticas y geometría sin Pitágoras, nuestra historia sin Heródoto y Tucídides, nuestro pensamiento político sin Pericles, nuestro arte y nuestra arquitectura sin la existencia hace siglos en Grecia de gente como Mirón, Fidias, Praxíteles, Apolodoro o Lisipo?

Sinfonía

Esta semana he procurado seguir la Radiotelevisión Griega (Elinikí Radiofonía Tileórasi) para comprobar cómo están siguiendo la crisis helena. He comprobado que la palabra más repetida durante los informativos de la ERT es sinfonía, que es como dicen en griego acuerdo. El sustantivo castellano sinfonía es un “conjunto de voces, de instrumentos, o de ambas cosas, que suenan acordes a la vez”, según definición de la Real Academia Española.

La riqueza etimológica de esta palabra es un ejemplo de la deuda permanente de nuestra lengua con la lengua griega, una deuda que no puede ser aplazada porque nunca podrá ser sartisfecha. La palabra sinfonía proviene del prefijo sin- (con, junto, a la vez), del sustantivo foné (sonido) y del sufijo -ía (acción, cualidad). Es decir, que sinfonía es la “cualidad de sonar a la vez”. Si hay acuerdo es porque hay sinfonía.

El término sinfonía aparece ya en algunos textos escritos en el siglo V a.C. por Platón, el filósofo al que Jean-Claude Juncker no quiere ver “jugando en la Segunda División”. El presidente de la Comisión Europea pretende que Grecia siga en la eurozona, a la que podemos identificar ya como la Primera División de la UE. Pero, ¿tendrá equipo suficiente la República Helénica para eludir el descenso? Y, ya puestos, ¿tendrá suerte con los arbitrajes? Platón quiere jugar en Primera. Pero ya sabemos que el fútbol es así, son once contra once, todos salen a darlo todo y lo importante es ir partido a partido.

 

Juan Diego Guerrero es director de Noticias Fin De Semana en Onda Cero

Sígueme en Twitter: @juandiguerrero