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A renglón seguido

Pirómanos iletrados

Junio 21, 2016
mario conde

Hasta la fecha hemos sido capaces de distinguir diversos tipos de fuego gracias a la labor de la albañilería del idioma impulsada por la ocurrencia popular y la posterior catalogación por parte de los arquitectos de la lengua, que los situaron en el manual del léxico y la fraseología, dando como resultado la plasmación –negro sobre blanco-, a través del orden pertinente, de distintas acepciones.

Los navegantes, que configuran su interminable y adusta familia con las manadas de viejos lobos de mar de curtidas pieles y errantes marinos que rara vez yerran en sus singladuras por los siete mares, bien conocen el de Santelmo. Por su lado, los inquilinos, casi todos contra su voluntad, de las resbaladizas –por las lágrimas- barriadas del reposo horizontal contribuyeron al fatuo con la combustión de su corporal patrimonio durante múltiples generaciones de soterrados.

La imparable actualidad, que bebe en la incombustible fogata del acaecer cotidiano, nos atropella a diario, porque no se frena ante nada, y ha avivado el fuego de los acontecimientos en la provincia de Valencia con diversas manifestaciones ígneas en su diversa masa forestal provocadas, con frecuencia, por la mano del hombre. Incendios cuya paternidad está pendiente de ser contrastada por los expertos en genética ambiental.

Parece que la suprema expresión del jardín del Edén –salvando la ofídica serpiente- de la más alta celestial divinidad no sacia, en ocasiones, la necesidad de dar rienda suelta a su desbocada inclinación por el fuego. No parece que sea suficiente el inconfundible olor a pólvora dimanante de las creaciones de artificio pirotécnicas inauguradas por los chinos y utilizadas en los numerosos festejos que, a fuego lento, diseminan su luz y olor sobre nuestra empantanada geografía.

Caballeros flamígeros

Los caballeros flamígeros rinden latría al dios fuego, pero derivan sus inclinaciones hacia la pagana incontinencia de sus impulsos pirómanos, y pasan a degustar su luminosa pero devastadora obra. El meticuloso legislador debería de contemplar, además del marcado paso por chirona, un temporal descanso en la pira para evitar que sigan dándonos la brasa o bien la posibilidad de desterrarlos al pirofilacio para que probaran de su propia abrasadora medicina, a ver si, de paso, se les apagaba la compulsión por la piromancia.

Por cierto: hablando del juego de trenas, un grupo no muy numeroso, pero sí selecto, de incendiarios de los reglamentos se refugia en los parques de bufetes de abogados para que –sumado incluso algún fiscal como Horrach– ejerzan de bomberos del contingente castigo (Cristina), avivando el fuego del desconcierto popular, intentando procurarles la externalización (Mario Conde), ya que se pirran por darse el piro para disfrutar de la pasta que no tienen.

Hay letrados que buscan su bautismo de fuego profesional con casos de relumbrón que puedan catapultarlos. Los bisoños funcionan a humo de pajas; a otros les gusta jugar con fuego o situarse entre dos de ellos echando más leña, sin resinación, acompañada o no de astillas.

Los ex-fumadores, huyendo de la quema pulmonar, nos hemos limitado a dar fuego.

Paco de Domingo