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Otras opiniones

Pijas contra el aborto

Octubre 22, 2009

Sigo recuperándome del azote mediático que supuso la manifestación en contra de la ley del aborto que los simpatizantes del Partido Popular organizaron hace unos días en Madrid. A pesar de que el baile de cifras de asistentes es algo más que mareante, la imagen de miles de jóvenes gritando contra una ley que desconocen me revolvió las tripas. Todas ellas talladas con el mismo patrón: mozalbetas de dieciséis años, provenientes de familias adineradas, pijas relamidas bañadas en Dior representando a la purulenta España negra, protegiendo sus ojos con el último modelo de gafas y dispuestas a deslizar un babeante “o sea” en cada uno de sus pueriles argumentos. A pesar de ser las mismas niñatas que desconocen el sentido de la vida, éstas se diferencian por el amparo de progenitores de ideas retrógradas que les empujan a tirarse a las calles para berrear contra una ley que no es más que la apertura a la libertad humana. Frivolidad zafia y hasta repugnante. No entiendo el motivo por el que esos padres de ideología fastizoide, que abogan encarnizadamente por la protección de fetos sin vida, no predican con el ejemplo y dejan de malcriar a sus hijas regalándoles bolsos de precios astronómicos o manicuras semanales y en fiestas de guardar. En su lugar, deberían inculcarles la filosofía del ahorro para poder destinar todo ese despilfarro económico a adoptar o apadrinar niños que, con cierta edad, mueren de inanición en los países tercermundistas.
 
Enervante es la actitud cínica y chulesca de un José María Aznar que sin apenas pestañear, se sube al carro de la aberrante controversia. Es muy fácil sujetar una pancarta, zarandearla con pasión y gritar contra una ley promovida por el Partido de enfrente, pero hay a quien no se nos olvida el día en el que decidió hacernos partícipes de una guerra en la que se asesinaron brutalmente a civiles y niños con una larga vida por delante. ¿Acaso Aznar ha hecho recuento de todos los bebés que murieron por la necesidad de sentirse unido a la primera potencia mundial? Él, que apela al sentido común para defender la derogación de la ley, siembra semillas hitlerianas contra la evolución de la sociedad: los matrimonios homosexuales o esa paridad de la que continúa mamando esa arrogante Ana Botella que, atrapada en el libertinaje, escupe contra todo aquello que no fuera admitido en la época del Caudillo. Puestos a esgrimir argumentos apológicos, quizás la concejala de las peras y las manzanas debería hacer que su hija se confesara ante la máxima autoridad católica por copular antes de pasar por la vicaría y quedarse en estado de buena esperanza sin haber contraído matrimonio.
 
No cabe duda que el Partido Socialista necesita de esta polémica para desviar la atención de los verdaderos problemas de nuestra sociedad provocados por sus constantes patinazos, pero clama al cielo la marcada atención que los del Partido Popular han tenido ante esta ley, igual de llamativa que otras de política social iniciadas también por el gobierno de Zapatero. Quizás ellos han decidido sumarse a este asunto para evitar que el Caso Gürtel les obligue a crear nuevos ceses y dimisiones. Es el mismo perro pero con distinto collar. Empiezo a estar harto de todo cuanto ocurre en el panorama político cañí. ¡Arriba las libertades!
Saúl Ortiz es periodista y novelista