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Mensaje en una botella

Pero mira cómo beben

Diciembre 10, 2014

Cada uno se lo monta como puede en estas fechas. Hay quienes espantan la Navidad, hay quienes la abrazan con pasión y hay quienes disimulan como si fuera verano. Pero todos acabamos pasando las fiestas como podemos. Huir del calendario es imposible. Escapar de la realidad es inviable. La única opción es viajar lejos, pero ni siquiera esa inversión de dinero te garantiza que en algún momento la Navidad se cuele en tu vida. Los wasaps, las llamadas, los televisores, los receptores de Radio o internet están al acecho. ¿Merece la pena vaciar la cuenta corriente para tratar de dar esquinazo a estas fiestas tan… ¿entrañables?… y que luego fracases en el intento? Tú mismo.

La estampa de estas fechas prenavideñas que más me ha llamado la atención es la que tuve ocasión de presenciar ayer en la Puerta del Sol. Siempre que llega esta época del año acostumbro a pasear por el kilómetro cero en busca de inspiración para mi Mensaje en una botella. Y ayer me encontré con cuatro señoras que, inasequibles al desaliento, cantaban villancicos como si no hubiera un mañana.

El plato fuerte de su repertorio era Los peces en el río, esa pieza musical que contiene el mítico estribillo que arranca con “Pero mira cómo beben / los peces en el río, / pero mira cómo beben / por ver al Dios nacido” y se completa con “beben y beben / y vuelven a beber / los peces en el río / por ver a Dios nacer”. Las cuatro señoras, a las que pasaremos a llamar The Four Ladies of The Sun Gate, habían logrado reunir alrededor a una multitud de curiosos que asistía al improvisado concierto.

Ellas cantaban sin cesar, ataviada cada una de ellas con un arbolito de Navidad en la cabeza, y sus voces eran las voces de esa España que se aferra a la esperanza de un futuro mejor. Sus rostros eran el espejo de la fatiga, del cansancio, del hastío, de la apatía y de la indolencia. Tal había sido el paso de la existencia por sus propias vidas, que aparentaban no sentir dolor. Pero, aunque digan que la cara es el espejo del alma, en sus almas todavía quedaba sitio para la ilusión. Lo descubrí cuando la muchedumbre fue dispersándose, a la par que sus voces fueron quedándose roncas hasta pedir descanso.

Algo parecido al cariño

Era la hora en que la luz del día se daba por vencida por la oscuridad de la noche. En ese momento, cuando dejaron de oírse los villancicos, The Four Ladies of The Sun Gate abrieron una botella de esa sidra famosa en el mundo entero y brindaron por un futuro mejor. Todo su público había desaparecido alrededor, salvo un paseante que las contemplaba con curiosidad. Era la curiosidad de quien todavía se asombra ante los descubrimientos. Y ellas eran un descubrimiento.

The Four Ladies of The Sun Gate invitaron al paseante a brindar con ellas. El paseante aceptó agradecido, después de felicitarlas por su improvisado concierto. Ellas fueron enumerando los deseos que aspiraban a ver cumplidos: salud para sus cónyuges, bienestar para sus hijos y trabajo para todos. “Y, ¿para vosotras? ¿Qué es lo que vais a pedir para vosotras?”, preguntó el paseante.

“Una sonrisa”, respondieron al unísono como si volvieran a cantar un villancico. Se conformaban con una sonrisa, con tal de que los demás vieran cumplidos sus deseos. El paseante abrazó y besó de una en una a las cuatro. Y en cada abrazo recibió y entregó algo parecido al cariño.

Sin dejar de ser un paseante, di media vuelta para seguir mi camino. Y al volverme para despedirme con la mirada, esbocé una sonrisa. Ellas ya tenían lo que habían pedido.

Juan Diego Guerrero es director de Noticias Fin De Semana en Onda Cero

Sígueme en Twitter: @juandiguerrero