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Mensaje en una botella

Perdedores

Noviembre 22, 2012

Siempre quiso ganar, pero era un perdedor. Un año más, las campanas de la Navidad ya retumbaban en sus oídos. Y eso que la Navidad aún no había llegado. Pero se veía venir. Quedaba exactamente un mes para la Nochebuena y ni siquiera la maldita crisis había sido capaz de amordazar a la Navidad. Un año más, tendría que transitar por esos días en los que se compadecía de sí mismo y de su Destino. Típico de los perdedores.

Cerró los ojos. Recordó su niñez, cuando era feliz y sólo le  preocupaba disfrutar de esos días de vacaciones que acababan con el ritual de los regalos de Reyes. Siempre que recordaba su niñez, acudía a su memoria la noche de los Reyes Magos y sentía un cosquilleo que se asemejaba a la felicidad. Ahora, en cambio, la Navidad no era para él. La Navidad nunca es para los perdedores.

Abrió los ojos. Se enfrentó a la realidad con la que intentaba convivir. No podía quejarse. Iba tirando. Vivía sin estridencias, pero vivía. No tenía posesiones. El tiempo acabó dándole la razón: mejor no haberse echado a la espalda la carga de pesadas hipotecas. Tal vez por esa razón se sentía plenamente identificado con el epitafio que encargó escribir Kazantzakis: “No temo nada. No espero nada. Soy libre”.

Su corazón, tantas veces roto por amor, seguía resistiendo. En épocas como ésta, acudían los recuerdos de otros tiempos en los que la Navidad fue Navidad en compañía y no en soledad. Ahora parecían tan lejanos esos días, que era incapaz de ponerles fecha. Las fechas se perdían en el olvido de los años. Definitivamente no era la mejor época para hacer cuentas con el corazón. Irremediablemente era un sentimental. Pero también era un soñador. Lo que faltaba.  

Frente a frente 

Incluso en esa época en que ya se adivinaba a llegada de la Navidad, se resistía a dejar de soñar. Nunca dejó de perseguir sus sueños y no iba a darse por vencido ahora que las ramas de muérdago aparecían en cualquier esquina. Así le sorprendió la noche, vagando sin rumbo por las calles de la ciudad en busca de una buena noticia que llevarse a la boca. El día no le había traído demasiadas buenas noticias. Pero quedaba la noche para soñar.

Caminó durante horas mientras tarareaba esa canción de Bublé que resumía perfectamente su vida de perdedor errante: ‘Todavía no te he encontrado’. Llevaba esperándola desde hacía tanto tiempo que ya se había aficionado a seguir esperando. Con la paciencia de quien nada tiene que perder. Con la resignación de un condenado que todo tiene por ganar.

Y entonces, sin esperarlo, cambió su Destino. Los dedos de ella se posaron sobre su hombro, que reaccionó encogiéndose y transmitiendo al resto del cuerpo la orden de detenerse. Se detuvo. Por un momento dudó, pero finalmente volvió sobre sus pasos para mirarla a la cara. Frente a frente. Como siempre había soñado. Levantó su cabeza gacha y la miró cara a cara. Había estado esperándola durante tanto tiempo que no tuvo dudas. Dio un paso al frente y sus manos se encontraron para no tener que volver a buscarse. El perdedor había ganado. La había reconocido a la primera. Era ella. Era la felicidad.

 

Juan Diego Guerrero es director de Noticias Fin De Semana en Onda Cero

Sígueme en Twitter: @juandiguerrero