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Mensaje en una botella

Pegarse a la silla con cola de contacto

Marzo 13, 2013

A algunos no los echan del cargo ni con agua caliente. El de Samuel Folgueral no es un caso aislado. El alcalde de Ponferrada ha preferido seguir pegado a la silla antes que hacer caso al secretario general de su partido, Alfredo Pérez Rubalcaba, que le ordenó que renunciara a la Alcaldía. Pero a Folgueral le entró por un oído y le salió por otro esa. El nuevo alcalde prefiere dejar el PSOE y conservar el bastón de mando de la capital del Bierzo.

Folgueral se ha convertido en alcalde gracias a una moción de censura en la que ha contado con un voto decisivo: el de Ismael Álvarez, un concejal ahora independiente que en el año 2002 fue condenado por acoso sexual cuando era alcalde de Ponferrada encabezando la candidatura del PP. Ahora nadie parece querer saber nada de Álvarez. Varias semanas antes de la moción, algunos de los que ahora no quieren saber nada de él estaban dispuestos a aceptar su apoyo con tal de promover el cambio en el Ayuntamiento. Uno de los que estaban al tanto y ahora no quieren saber nada es Óscar López, secretario de Organización socialista.

López vivió el viernes pasado uno de los peores días de su carrera política. Por la tarde, en Onda Cero, justificaba el apoyo del condenado por acoso porque habían llegado a un acuerdo con él: después de apoyar al PSOE, renunciaría a su acta de concejal (un día después cumpliría su palabra). Por la noche, en la misma cadena de Radio, ponía en escena en toda su crudeza la máxima del Donde dije digo, digo diego y renegaba de su opinión anterior. El número tres de los socialistas ha pedido perdón y ha puesto su cargo a disposición de la dirección del partido esta misma semana. Pero, una vez reconocido el error, hoy sigue ocupando el mismo puesto.

No morir con el cargo puesto

Es costumbre extendida en esta vasta piel de toro que no haya prisa por dejar la poltrona en caso de que hayas metido la pata. Total, el que venga también acabará metiendo la pata y tampoco se irá. Quien ocupa el cargo, permanece pegado a la silla con cola de contacto. Rara vez ocurre que ese poderoso pegamento desaparezca por obra y gracia de un todavía más poderoso disolvente. La ética no ha logrado aún alcanzar la categoría de disolvente porque todavía no se ha convertido en costumbre. Resulta tan sorprendente como contradictorio porque la palabra ética nace del griego ethos, que significa costumbre.

La conclusión es indiscutible: la Democracia española está falta de costumbres que mejoren su funcionamiento. Una de esas costumbres necesarias es la de no morir con el cargo puesto. En el cargo, como en la vida, estamos de paso y no podemos pretender que ambos ríos corran de forma paralela hasta acabar ambos en el océano. Es preciso que el afluente del cargo acabe volviendo al río de la vida antes de que éste muera en el mar.

Cuando el mérito no resida en batir marcas de permanencia en los cargos públicos sino superar marcas de eficiencia en ellos, habremos conseguido que una nueva costumbre se instale en nuestra Democracia. Cuando la costumbre no sea ver a concejales, alcaldes, presidentes autonómicos o presidentes del Gobierno que creciendo, reproduciéndose y muriendo pegados a la silla; cuando eso ocurra, podremos acostumbrarnos a una Democracia mejor. Uno se acostumbra rápidamente a lo bueno.

Juan Diego Guerrero es director de Noticias Fin De Semana en Onda Cero

Sígueme en Twitter: @juandiguerrero