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Mi Tribuna

Pedro Sánchez, ese líder irritado

Febrero 22, 2015

Apenas fue entronizado por los militantes del PSOE que, no hace mucho podían elegir libremente y no como ha ocurrido con el pasteleo de Madrid, Pedro Sánchez inició un proceso de renovación externa para cuidar ciertos aspectos de su imagen a la hora de transmitir esa idea renovadora, de un líder político que había venido para quedarse y convertirse en una seria alternativa de poder.

Notamos ciertos cambios en su estilismo, además de meterse directamente en las casas de millones de españoles a través de apariciones televisivas o intervenciones en programas menos al uso para la clase política. Así, lanzó canastas en El Hormiguero, escaló montañas con Calleja, se sentó en el chester de Risto  e incluso intimó telefónicamente con Jorge Javier en Salvamé. Sin duda, toda una revolución mediática de la que no se arrepienten para nada en el PSOE porque, precisamente, ese era un aspecto que diferenciaba a Pedro Sánchez del resto.

Del entusiasmo a la desilusión progresiva

No voy a profundizar demasiado sobre el fondo y la forma. Tampoco es una cuestión complicada porque su salto al primer plano cuando derrotó a Madina y, por tanto, a todo el aparato oficialista del PSOE, despertó tanto entusiasmo como desilusión progresiva al comprobar que podían haberse trabajado muy bien las formas pero su fondo político apenas tenía donde rascar. En esto no solo es necesario rodearse de especialistas en imagen, comunicación o telegenia. El mensaje es la esencia fundamental que sí, puede transmitirse de muchas formas, parecido a un caramelo muy aparente por fuera pero sin nada atractivo por dentro.

Los mítines del PSOE son una muestra. Transformados para que los fieles militantes y convencidos estén cerca del líder, se asemejan más a una especie de asamblea o concejo ciudadano. Habla el mesías, aplauden los demás. Más o menos lo de siempre con el añadido del tono. O las cosas no marchan como pensaban en el Partido Socialista o Pedro Sánchez no es capaz de mantener el equilibrio aparente de un mitinero seguro y reposado. Al contrario, ofrece una imagen de político irritado, irascible, enfadado, alterado, contrariado, susceptible, desconcertado. Esos tonos, esas formas de dirigirse a la oposición, esos mensajes tan subidos. Nada convincente y, más bien, ahuyentador.

Personas que trabajaron con Albert Rivera

Es curioso que Pedro Sánchez tenga en su equipo a personas que en su día trabajaron con Albert Rivera porque podía haber bastado para copiar ciertas esencias que muestra y demuestra el emergente líder de Ciudadanos. No es la primera vez que le ocurre al PSOE. En la etapa de Rubalcaba como líder de la oposición, la portavoz Soraya Rodríguez adoptó una actitud similar desde su escaño. No se trata de reñir, sino de argumentar y proponer. Suena a reprimenda. No es cuestión de reprochar. Eso está reservado a los mediocres. El lenguaje y la manera de expresarlo son fundamentales para que el mensaje sea recibido como una propuesta válida, a tener en cuenta para sumar motivos cuando llegue el momento de elegir el voto.

Claro, que tampoco nos podemos detener en una estética que aúne una buena puesta en escena sumada a la capacidad del orador para convencer. El mitin, el acto público, no es más que una parte estratégica de la comunicación a la que debe acompañar la acción política del día a día. Y si Pedro Sánchez une a su irritación mitinera una gestión como la crisis del PSM, estamos ante una coctelera imposible de dominar.

Félix Ángel Carreras
Director de Tribuna Valladolid