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Otras opiniones

Pedro Almodóvar y la teta del Estado

Febrero 6, 2012

Con las cifras en la mano, el cine español es un enorme agujero negro por el que se va mucho dinero de los impuestos que pagan los  españoles, incluidos los que no van al cine, porque lo consideran un bodrio o, simplemente,  porque no quieren. Se dedican millonadas a  subvencionar películas por el hecho de serlo, aunque a su proyección no vayan ni los familiares de los que las interpretan. Esto, sin contar los 920 millones de euros que se ha tragado en la última década, recibidos de las cadenas españolas de televisión, un grifo que tuvo que cortar el Tribunal Supremo.
El ministro de Cultura José Ignacio Wert está pidiendo cordura al mundo del cine español: no se pueden rodar más de 100 películas al año, cuya recaudación no cubre ni las subvenciones recibidas del Estado. Con los datos en la mano, la recomendación del ministro debería encauzarse en Ley. No se puede concebir  hacer cine como se cultiva lino: para recibir subvenciones.

Películas sin espectadores

Cuando escribí mi último libro, “El Clan de la Zeja”, la nómina de artistas pro-zapateriles, amarrados a la teta del Estado, las cifras eran escandalosas. En 2008, por ejemplo, según  el Ministerio de Cultura, se rodaron 173 largometrajes, de los que 24 tuvieron menos de 100 espectadores; se citaban también otras 46 que, un año después, todavía  no se habían estrenado, lo que no era nada raro, ya que de las películas rodadas en 2007, al menos 20 seguían sin estrenarse en 2009.  Había antecedentes del gran interés que venía despertando el cine español, subvencionado por Zapatero, que desde su llegada al poder había aumentado las ayudas al cine en un 170%, para que digan que la Zeja no se pagaba.

Entre esos antecedentes exitosos, está una película de corte progre,  Estrella P, dirigida por Pablo Sereno de la Viña, en 2006, según la novela La Putain Respectueuse, de Jean-Paul Sartre, al que sólo habían asistido a verlo 17 personas. ¿Dónde se metieron los familiares de los actores? Como a todo hay quien gane, otra película de esa cosecha, Feliz monicaco, dirigida por Albert Baello, una comedia, también en plan progre, sobre las relaciones de pareja, no había contabilizado ni un solo espectador.

En 2010 el 53% de los ingresos totales procedió directamente del bolsillo del contribuyente (1 de cada 2 euros son impuestos), superando en un 15% la facturación por la venta de entradas. Y en el último año la situación no ha mejorado  ya que el anterior Gobierno socialista anunció que elevaría el volumen de subvenciones hasta los 110 millones de euros (un 19% más que en 2010).  Era la tónica iniciada por la ministra zapatera de Cultura González- Sinde, que para eso es cineasta: aumentó las subvenciones e incluso llegó a auto subvencionarse con un millón de euros en la película “Mentiras y gordas”, de la que es guionista.

La pinza Zapatero-González Sinde

La ministra González-Sinde llegó a respaldar públicamente  una Ley de Cine Catalán que establece que el 50% de las películas extranjeras -entre ellas las españolas-, deben estar dobladas o subtituladas al catalán, que ha disgustado a distribuidores y exhibidores por intervencionista. En el colmo de la desfachatez, la misma ministra  confesaba al embajador de Estados Unidos en España, Alan Solomont,  que, en su opinión, la Ley del Cine de Cataluña era “antinatural y desequilibrada”,  entre otras razones porque “incluso los catalanohablantes prefieren ver películas en español”, según un informe emitido por la Embajada y revelado por Wikileaks, ese chivato genial e incómodo.

Los profesionales del cine español se sienten despreciados porque la gente no va a ver sus películas. “Espero que este desprecio no se herede”, le decía  Marisa ParedesOskar Belategui, de El Correo, como si en el futuro tener criterio y no tragarse bodrios  fuera una aventura perdida de antemano. “Soy demócrata—añadía–, pero alguien que ataca así no tiene perdón, sólo por haber tenido una actitud contestataria… Me parece muy bien que alguien pueda decir que no ve cine español. Pero que no lo haga porque somos unos lameculos (sic) de Zapatero. Y se pierde muchas cosas, porque el cine español cada vez está mejor”.

Lameculos del cine español

Lameculos o no, utilizando la expresión de la actriz, el caso del cine español tiene más que ver con que el invento sólo funciona  para unos pocos, que con las fobias contra sus colegas del “No a la guerra”. Precisamente, siendo Marisa Paredes presidenta de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas, durante la entrega de los Premios Goya, en 2003, fue cuando se armó el pitote del  “No a la guerra”, en el espectáculo montado por sus compañeros de subvenciones, el grupo Animalario, actitud que secundaron  varios grupos de ultraizquierda, convirtiendo al entonces presidente Aznar en un apestado político y en poco menos que un criminal de guerra.

Gracias a un enfado de Pedro Almodóvar en  una rueda de prensa en Cannes por una crítica critica a la película que presentaba, “Los abrazos rotos”, pude enterarme de quién pagaba los saraos festivaleros del cine español. Almodóvar despotricaba contra los que nos les gustaba su película, pese a que estaba rodeado de toda su troupe y de haber sido subvencionado con 80.000 por el Ministerio de Cultura para promocionarse en el festival.

Almodóvar, el niño bonito

Ya se sabe, para sufragar viajes, hotel, comidas, copas, ruedas de prensa. En 2008 el Ministerio de Cultura, es decir todos los españoles, incluso los que no van al cine, le pagó a Almodóvar los gastos para promocionar  su película “Volver”, también en el Festival de Cine de Cannes: unos 60.500 eurillos. A finales de 2010 la ministra González-Sinde le daba un millón de euros para su película “Los abrazos rotos”. Y en ese plan.

También se enfadó mucho Almodóvar cuando Paul Julian Smith, un estudioso inglés de su cine, criticó en el diario londinense The Guardian, su voracidad con las subvenciones oficiales. Sólo en los años 2005 y 2006, tras llegar  Zapatero, el  jefe de la Ceja al Gobierno, Almodóvar había recibido un total de 2,3 millones de euros, en concepto de ayudas públicas. En la época felipista, entre 1982 y 1996, la productora El Deseo, que comparte Almodóvar con su hermano Agustín, también recibió 1.332 millones de pesetas, vía subvenciones.

 O sea, que su cine es rentable y encima le pagamos con nuestros impuestos. Es para exiliarse, ver si nos subvencionan.

Sebastián Moreno