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Otras opiniones

Patricia Rato recurre a un consejero espiritual

Enero 21, 2010

No corren buenos tiempos para Patricia Rato y Espartaco. La pareja está sumida en una profunda crisis que tiene todos los visos de ser la definitiva. Así, cada uno por su lado, ha entrado en escena Inés María. Esta guapa mujer, separada y madre de dos hijas, fue uno de los vértices del triángulo sentimental que hace ya la friolera de 19 años dibujó el torero.
 
En la década de los noventa, Espartaco triunfaba en la plaza y fuera de ella. Cuenta la leyenda que las taurinas, el equivalente de las gruppies en el mundo del capote, perseguían al diestro y se escondían debajo de la cama de su hotel. Así es la vida. Y es que el matador no sólo heredó de Luis Miguel Dominguín sus trastos, también su éxito con las mujeres.
 


Tres eran tres

Patricia Rato no pudo resistirse al encanto de las luces de Caco, cómo así gusta de llamarlo ella. Y mientras la niña se enamoraba a golpe de capote, el torero mantenía los lazos con Juana Valderrama e Inés María. Todas se creían la única. Así es el matador, que aunque tampoco amagaba, no reconocía la realidad. Algo que Inés vivió en carne propia: “Recuerdo que un día me dijo que se iba de viaje a Marruecos con Juana. Para entonces ya había llegado a mis oídos que eran novios y le pregunté por el asunto. Me dijo que Juana era como una hermana para él y que no hiciera caso a los comentarios”.
 
Un día, Inés recibió la llamada de Espartaco. Le comunicó que Patricia estaba embarazada y que tenía que casarse con ella. No obstante, nunca rompieron el contacto: “Nos hemos seguido viendo durante todos estos años. Es más, él, en alguna que otra ocasión, me insinuaba que quería volver conmigo. Siempre me negué. Estaba casada y era feliz con mi marido”. 


En casa de los Rato

La familia de Patricia nunca se lo ha puesto fácil al diestro. Desde el principio manifestaron su descontento con la elección de la niña. Aunque de puertas para afuera siempre se ha querido dar una imagen de normalidad, Espartaco ha sufrido lo indecible con la frialdad de los Rato. Pocas palabras y una atmósfera de lo más cargada.
 
Nunca ha tenido el torero problemas con la prensa. Todos le aprecian por su cercanía. Quizás ése sea el motivo por el que sus crisis con Patricia hayan pasado de puntillas. Han tenido cuatro. La primera se desató cuando nació su hija mayor. Después llegarían el resto.
 
Tan lejos, tan cerca
En estos días se relaciona a Espartaco con Macarena. De ella se cuenta que está separada y es madre de dos hijos. También que tiene un alto cargo en la Junta de Andalucía. No obstante, Inés María no cree que esta rubia, madurita, haya sido la gota que ha colmado el vaso de Patricia: “Conociendo como conozco a Juan, te digo que la tal Macarena no es su tipo. Así que me cuesta creer lo que dicen”.
 
La suerte está echada para los protagonistas de esta historia. Espartaco y Patricia ya se han reunido para dilucidar su punto y final. Él medita en una de sus fincas y ha decidido olvidarse del mundo. También su apoderado, el siempre afable Rafael Moreno. Ni a los del gremio taurino cogen el teléfono por temor a filtraciones no deseadas. Se comprende. Por su parte, la dulce Patricia ha vuelto a Sevilla. Me cuenta quien bien conoce el paño que sobrelleva la situación gracias a un consejero espiritual que la asesora en tan difíciles momentos. No me extraña, pues siempre ha sido muy religiosa. Su familia también, pero le han aconsejado que suelte amarras e inicie una nueva vida lejos del diestro. Mientras tanto, Inés María recibe llamadas anónimas donde le recomiendan que calle para siempre. Sabe demasiado y alguien tiene miedo de que abra el baúl de los secretos de Espartaco.
 


Joana Morillas