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¡Qué fuerte!

Para Luisa

Noviembre 11, 2010

Hace unos días me llevé una grata sorpresa; recibí una carta. Esto no es lo fascinante del asunto, claro está, sino que la misiva estaba escrita a mano, con una preciosa letra y su contenido era maravilloso. Una pena que, por culpa de las increíbles tecnologías, se hayan perdido costumbres tan emocionantes y mágicas como esta; una simple carta a mano. ¡Imagine los beneficios para el amor y los sentimientos que tiene esta práctica en desuso!. Un “te quiero” o un “te echo de menos” escrito a mano no es lo mismo que leerlo en un frío sms en la pantalla de un teléfono móvil o en la de un ordenador a través de un email. Pero no sólo es bueno para una relación sentimental, también lo es para el desarrollo del cerebro, según un estudio científico. Escribir a mano fija conceptos, ayuda a aprender y a recordar y a mantener la mente activa. En cambio, por mensaje, lo único que se desarrolla es el dedo gordo.
Por desgracia, no todas las noticias que se reciben son buenas, ya sea por carta o por sms. Por desagracia, si llevas un tiempo sin hablar con un amigo, hay llamadas, cartas o mensajes que te vuelven a unir con él, pero para dar malas noticias. Son mensajes necesarios que nunca hubiésemos querido emitir o recibir. A veces, es preferible continuar sin contacto antes que retomarlo obligatoriamente por cuestiones trágicas.
Inesperadas noticias
Ayer recibí un mensaje, un sms en la fría y despiadada pantalla de mi teléfono móvil, que decía: “ya está descansando”. Me partió el alma. Entonces me dieron igual las últimas declaraciones de Felipe González y los GAL y lo que está pasando en el Aaiún. No me interesaron en absoluto los disturbios en Londres, el cólera en Haití o la última victima de violencia de género. Tampoco quise saber nada sobre la reunión del G-20. Todo esto me interesaba ayer y hoy un bledo. Desaparecieron de repente todos mis problemas y preocupaciones injustas por cosas y personas que no merecen la pena. ¡“Ya está descansando”!. Es increíble. Imposible. El próximo día 3 hubiera cumplido 27 años. No puede ser, estaba perfectamente. Todo ha sido de repente, en cuestión de horas. Pero estaba comida por dentro. Llena de tumores que se la han llevado sin avisar.
No ha habido opción a un tratamiento o a una posible o mínima esperanza de recuperación. ¡Dios mío!, ¡si estaba embarazada!, embarazada de 27 semanas. El miércoles por la noche, en coma ya, le sacaron al bebé de su vientre. Lo parió prácticamente muerta. Sí. Pero lo dio a luz, como hacen las valientes. Pesa algo más de medio kilo, está lleno de tubos y cables pero ahora mismo toda la esperanza se centra en él. Ella se ha marchado, así, de repente, sin dejar a Ramón que se acostumbre o que se haga a la idea de su partida. Se ha ido la alegría, la mujer, la hija, la madre, la amiga. Pero ha dejado aquí, entre nosotros una nueva vida. Estoy segura de que ella le mandará toda su fuerza y energía a su bebé, desde allá donde se encuentre, para que él sí pueda con lo que ella no pudo, para que él salga de esto y dar un poco de sentido a la vida.
Desde el dolor inexplicable, la rabia inconcebible y la ilusión renegada de la esperanza, no hay manera de aliviar, en estos momentos, tanto dolor en el alma. Un fuerte beso allá donde estés, Luisa, y cuida desde allí a los que se quedan aquí sin ti echándote en falta.