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Los puntos cardinales

Paquistán tiende a la India una mano vacía de poder

Abril 10, 2012

El nacionalismo es el germen sobre el que se asientan todas las aspiraciones soberanas que la Historia ha conocido. En el caso de la India y de Paquistán hubo también un elemento religioso sustancial que pervive hasta nuestros días. El Partido del Congreso ha simbolizado las esencias hindúes, del mismo modo que la Liga Musulmana ha hecho lo propio en Paquistán. Y así, sesenta y cinco años después de que la partición de la colonia británica diese lugar a los dos dominios, los dos vecinos enemigos se han acercado tímidamente, aunque todavía hay muchas heridas difíciles de restañar.

Para que los gobernantes de ambos países se encuentren siempre hay que buscar alguna excusa, cultural o deportiva, al margen del protocolo habitual en las visitas de Estado. Hace un año, el primer ministro de la India, Manmohan Singh, coincidía con su homólogo paquistaní, Yousef Raza Gilani, en un partido del mundial de cricket, deporte sobre el que descansan todas las esencias de la imperial Inglaterra victoriana. El último jefe del Estado de Paquistán que pisó suelo indio fue el general Pervez Musharraf en 2005 y también para presenciar otro choque de las dos selecciones rivales sobre el césped.

En esta ocasión ha sido el presidente de Paquistán, Asif Ali Zardari, el que ha cruzado la frontera con el propósito de visitar un lugar de especial importancia para los musulmanes, el templo de Ajmar Sharif en Rajastán. Aprovechando la estancia turística, Zardari y Singh se han dado la mano en público y han tenido ocasión de ofrecer una imagen de distensión, fundamental entre estas dos potencias atómicas antagónicas cuyas relaciones estuvieron al borde de la conflagración armada después de que un grupo de terroristas paquistaníes llevara a cabo la cadena de atentados de Bombay en Noviembre de 2008 en la que más de ciento sesenta personas perdieron la vida. El principal responsable de la masacre fue el ciudadano paquistaní Hafiz Saed, destacado líder del grupo radical Lashkar e Taiba, que vive tranquilamente en Lahore, ciudad desde donde sigue lanzando soflamas a las masas para que se manifiesten contra Estados Unidos.

Este asunto y el control de la Kachemira estuvieron sobre la mesa a lo largo de los apenas cuarenta minutos que duró el encuentro personal Zardari y Singh. Es, como decimos, un paso nada desdeñable para devolver cierta tranquilidad a esa parte de Asia. Pero insistimos en la recomendación de que ustedes, infatigables lectores, repasen el atlas y comprueben lo cerca que están Irán y Afganistán, dos focos de permanente tensión.

La reunión, pese a su relieve, por ahora se salda únicamente con la apertura de pasos fronterizos que contribuyan a mejorar los flujos de ciudadanos que sirvan a la vez para incrementar los intercambios comerciales de ambos.

De todos modos, les invito a moderar el entusiasmo porque, como apuntan algunos analistas paquistaníes, es difícil llegar a algún acuerdo de envergadura con alguien que ni siquiera sabe cuál es su verdadero poder. Y en el caso de Zardari es la incógnita que ninguna cancillería sabe despejar.

Ángel Gonzalo, Redactor Jefe Internacional de Onda Cero.