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A renglón seguido

“Paoletto” XVI

Junio 17, 2012

Bajan revueltas las hediondas y fétidas aguas residuales de las cloacas por mala higiene profesional de uno de los empleados civiles de la Curia de la Plaza de San Pedro, a juzgar por los últimos acontecimientos habidos en el interior de la máxima representación diplomática de Dios todopoderoso en la tierra; es decir,  la Embajada del Vaticano.

Tal parece que al mayordomo de Suzanne-tidad, Paolo Gabriele, se le han puesto los dedos de las manos bailones y ha preparado  una truculenta coreografía digna de aprendiz de “007”, puesto que le han pillado a las primeras de cambio… de manos de los documentos personales e intransferibles de Benedicto XVI; mal guardados -salta a la vista-, dada la aparente facilidad por parte del bisoño “Paoletto” –el supuesto tomador-, para tomar algo más que contacto visual con ellos.

Un conducto nada reglamentario

Se le acusa, entre otras cosas, de “apropiación y filtración de documentos secretos” -para pasar a serlo a voces-, “de robo con el agravante de abuso de confianza” -algo saben de ello los purpurados-, y “violación de la privacidad”… documental ¡claro!; no va a ser de la otra, de la que más que algo saben algunos de los asotanados miembros, que abusaban con los mismos del pupilaje, introduciéndoles el saber de su indecente docencia con una reprobable conducta y por un conducto nada reglamentario.

¡Quién nos lo iba a decir hace unos días! Ya no se puede confiar ni en el personal de confianza de toda la vida. Así de cambiadas están las cosas en el principal reducto de fabricación de umbilicales ideas -escasas, confusas y ambiguas-, y en el referente como taller de mantenimiento de las ya vetustas –algunas- de la Iglesia Católica.

Extraña filosofía exotérica

¡Tiempo  ha! que  la  ecclesia  de San Pedro  se  alejó de la realidad de los tiempos anclándose en la noche de los mismos, retrasándose en la actualización de algunas de sus actitudes y reconocimientos, buscando ocultar, para su vergüenza, lo que ya era un puro  y diáfano exoterismo entre sus clientes, simpatizantes, afiliados, amigos, enemigos y adversarios.

Siempre gustaron de practicar una extraña filosofía esotérica en la interpretación y  comprensión de  la realidad  secular que rodeaba tanto a ellos como a los prójimos, manteniendo al abrigo –incluso en el estío- parte del conocimiento, y trasladando otra porción del mismo de una forma cercenada y sesgada, inculcando a sus adeptos por arrobas sacos de temor de una llamada Ley de Dios, para atribular y hacer dudar al personal de a pie, con extrañas figuras donde purgar, en ocasiones, el incorrecto comportamiento del creyente y/o practicante, llegando a crear infiernos donde nunca han existido.

La Iglesia Católica se mantiene hermética; no es de su purpurado agrado, que le dé el aire en el núcleo de sus entrañas, en lo que a posibles trapos sucios -no de los de vestir-, se refiere; quizá sea temerosa de ponerse en contacto con el oxígeno de la realidad por si se oxidan algunas de sus almidonadas ideas. Entretanto, quedemos en paz.

Paco de Domingo