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¡Qué fuerte!

Padres futboleros tóxicos

Marzo 21, 2014

Niños de 7 y 8 años juegan al fútbol. Acaba el partido. El padre de uno de los jugadores se acerca al árbitro, otro crío de 16 años y, mientras otro padre sujeta al árbitro por los brazos, aquel le propina una serie de puñetazos en la cara y en el abdomen al chaval. Nadie hace nada por evitar la agresión. Resultado: una noche en el hospital con una lesión en la córnea. Ha pasado en la provincia de León pero podría haber pasado en cualquier lugar, ya que es una actitud frecuente entre los padres de niños que juegan al fútbol. Ciertamente es vergonzoso y repugnante la actitud de este y de todos esos padres que van los fines de semana a animar a sus hijos a los campos de fútbol y se toman el partido como si fuera de primera división y como si sus hijos fueran Cristiano Ronaldo o Messi. Flaco favor le hacen este tipo de padres a sus hijos, ya que inculcan en ellos la violencia y además, les hacen creer que son más que nadie cuando, seguramente, no pasen de jugar en el equipo del colegio. Esta actitud deleznable es totalmente antideportiva y va contra los valores que deberían inculcarse en el deporte, sobre todo en el infantil.

Hemos perdido el norte
Esto no es un hecho aislado. La semana anterior ocurrieron, sólo en la provincia de León, que se sepa, otros cuatro casos más. En alguno de ellos incluso tuvo que personarse la Guardia Civil. Por desgracia es algo que se repite casi todos los fines de semana en los partidos infantiles. Se calcula que, al año, en España, se producen alrededor de 700 agresiones a árbitros en estas categorías. Oír a padres insultar a niños que juegan con sus hijos por una zancadilla, por una entrada o por un regate como si estuvieran insultando a mayores con palabras como “cabrón”, “hijo de puta” o “gilipollas”, es lo más normal del mundo si asistes a un partido de este tipo. Definitivamente hemos perdido el norte. ¡Que son niños!. Niños que juegan al fútbol por compañerismo, porque les apasiona el deporte, porque así hacen amigos, sin olvidar el espíritu competitivo y el lema fundamental del deporte: lo importante es participar.
Este tipo de padres se cargan todo eso porque ellos no valieron para dar una patada bien dirigida a un balón, porque proyectan en sus hijos los que ellos no fueron capaces de ser y creen que sus hijos van a conseguir lo que ellos no pudieron y por eso están frustrados. Si no es así, además de porque son gentuza y sinvergüenzas, no veo otra explicación a este tipo de comportamiento. Hay madres que tampoco se quedan atrás y defienden a sus niños como si el de al lado no tuviera madre y tampoco fuera crío. No se dan cuenta de que, con este tipo de comportamiento, en lugar de favorecer, lo que hacen es perjudicar a sus hijos porque nadie querrá jugar con ellos debido a la actitud vergonzante y agresiva de sus padres, incluso pueden llegar a aislarlos de los demás. Son padres perjudiciales y tóxicos para esos hijos que la mayoría de las veces se avergüenzan del comportamiento de sus padres. Sería mucho mejor que, mientras los niños juegan felizmente un partido de fútbol, los padres les esperaran en el bar tomando un café con el resto de padres haciendo lo que sus hijos pretenden hacer, amigos y divertirse.
Rosana Güiza