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Mi Tribuna

Pablo, Pablito, Pablete… Iglesias

Abril 25, 2016
pablo

El libro sobre la historia de José María García que ha escrito el periodista Vicente Ferrer me ha servido para recordar diferentes pasajes del periodismo más o menos reciente. Era una época, aquella, donde un informador marcaba la agenda y posesía una influencia enorme. Viene esto a cuento porque el libro, titulado ‘Buenas noches y saludos cordiales’, como homenaje a su manera de presentarse día a día en antena, refresca la memoria de lo que fue todo un enfrentamiento entre García y el entonces presidente de la Federación Española de Fútbol, Pablo Porta; el sainete de ‘Pablo, Pablito, Pablete’ se hizo muy popular y retrataba el poder periodístico sobre el poder establecido en un cargo, en este caso, deportivo.

No quiero decir que la prensa deba marcar el ritmo de nadie. Ni mucho menos. Pero sí tiene la obligación de ejercer con criterio una labor de control a los poderes públicos desde el altavoz de la información con la obligación de recoger todos, todos, los matices de su trabajo.

Hemos descubierto la verdadera cara de otro Pablo, Iglesias, lanzando un ataque directo a la prensa incómoda. Sinceramente, no me sorprende.  Pero me asusta. Asusta pensar que un aspirante a la presidencia del Gobierno de España pueda tener esas tentaciones censoras cuando tiene enfrente alguien que cuenta cosas que no le gustan. Es muy propio de otros países curiosamente ligados a la trayectoria de Podemos, donde sus líderes campan a sus anchas abriendo y cerrando medios de comunicación. Sin duda, la influencia es manifiesta pero este Pablete Iglesias está en España y aquí no puede pasar como si de un caballo de Atila se tratase.

Un ataque que le retrata

El ataque del líder de Podemos a la prensa le retrata. Como político y como persona. Por mucho que después quisiera edulcorar sus manifestaciones. En la época que vivimos es sencillo recuperar sonidos, analizarlos con calma y establecer conclusiones. Nadie tiene que pensar por otros. Está al alcance de todos y quedó perfectamente claro cuál es el talante de Pablo Iglesias cuando se siente descolocado en un clima informativo adverso.

Me da pena escuchar esos ataques. Y más pena comprobar como el coro de palmeros jaleaba su ironía. Me da pavor pensar que en algún momento de su trayectoria política pudiera tener responsabilidades y que la prensa estuviera sometida a su control. Su disfraz de demócrata esconde un aprendiz de dictador populista al que se le llena la boca con las palabras ‘democracia’ y ‘progreso’ mientras manipula las respuestas que le acechan cuando le preguntan sobre los casos polémicos que ya se han asomado en su joven partido. Aquí, en la manipulación y el regate, es un verdadero especialista porque tiene la habilidad de hablar mucho para no decir nada; una perfecta estrategia de comunicación basada en un ataque como mejor defensa, anticipando un argumento propio al propio fondo de la cuestión.

Desconozco cómo sería hoy el tratamiento de José María García hacia este Pablo Iglesias en el caso de tenerle de frente, informativamente hablando. Con el recorrido que lleva, el Pablo, Pablito, Pablete de entonces pudiera encajar perfectamente en este personaje que intenta ocupar un espacio, aunque sea a codazos, que sabe manejar ciertos tiempos y que, sin duda, tiene una capacidad para empalagar con un mensaje tan medido como artificial. Me da pena, este Pablo. Pero me da pavor pensar que este Pablo pudiera tener algún día una influencia que alterara la normal relación entre la prensa  y el poder; el que Pablo quiere ejercer sin nadie que le incomode,

Félix-Ángel Carreras Álvarez

@fcarreras68