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Otras opiniones

Pablo Iglesias y los suyos

Marzo 19, 2015

En los años 70 del siglo pasado una preciosa canción del valenciano Juan Bautista Humet decía en una de sus estrofas:

“Y ahora acabemos de ser sinceros

que a mí también me mueve el dinero,

y la vanidad

pa´no ser menos que mis amigos

que se conforman con un suspiro,

de libertad.”

Pues esto último es lo que les ocurre a los líderes de “Podemos”, que su trayectoria personal no deja duda de que sus encendidas manifestaciones en favor de la pureza son tan sinceras como las de sus “amigos” del PP y del PSOE y que, como a ellos, lo que de verdad les mueve es el poder y el dinero.

Emblemática castidad

El problema de la emblemática castidad y limpieza que proclaman las soflamas de “Podemos”, el nuevo partido que nace sin tacha ni mancha para acabar con la corrupción y los manejos de la casta, es que sus creadores y líderes si tienen pasado; y presente.

Corrupción personal de sus principales dirigentes, oscura financiación de la organización, tenaz persecución y laminación de toda disidencia interna, favorecimiento a los miembros del “grupo” y descarnada subordinación de los “ideales” a los intereses personales y electorales son, según se está demostrando hasta la saciedad, las señas de identidad del nuevo partido que encabeza las encuestas; como de casi todos los demás.

Anteponiendo intereses personales

Pero quizá peor que el que sus líderes, como buena parte de los de los demás partidos, presuntamente roben y antepongan sus intereses personales a cualesquiera otros, son los vídeos, que por mucho que Podemos trate de ocultarlos cualquiera puede descargar en YouTube, en los que  Pablo Iglesias y sus adláteres ensalzan el maravilloso régimen venezolano, justifican a ETA o ponen a Robespieperre como modelo a seguir reclamando, de forma nada metafórica, la guillotina para imponer en España la “auténtica democracia”.

En su descarnada persecución del poder Podemos no duda en afirmar que no es de derechas ni de izquierdas, como los tecnócratas del franquismo condena las ideologías y señala que sus decisiones programáticas sobre todos los aspectos políticos y sociales de importancia serán las que señalen los “expertos” después de pasar por el tamiz de la opinión popular mayoritaria sobre cada uno de ellos. Es imposible que se equivoquen, si hay equivocación será de los ciudadanos cuyas opiniones mayoritarias se limitarán a incluir en su programa; el populismo llevado al paroxismo.

Receta de Venezuela o Grecia

En todo caso, y como expertos en demoscopia y prospectiva, anticipan aspectos fundamentales de su opinión sobre la opinión pública e incluyen de entrada en su programa un salario social para todos sin necesidad de trabajar, una vivienda digna a la que se puede acceder por el sencillo sistema de la okupación (que prometen despenalizar) y que todos los servicios que podamos necesitar o apetecer serán proporcionados de forma gratuita por el Estado; se acabaron los copagos, ni siquiera simbólicos, por la enseñanza, por la sanidad, por los transportes, por la energía o por los servicios financieros, deportivos, asistenciales, lúdicos o cualesquiera otros que podamos imaginar.

 Es imposible no estar de acuerdo: sueldo sin trabajar, vivienda sin pagar, todo público y gratuito y todos funcionarios o viviendo a costa del presupuesto; la receta que tan buen resultado ha dado en Venezuela y Grecia y que, una vez que los que viven a costa de los otros son mayoría, es casi imposible de erradicar por mucha miseria general que haya; en Andalucía tenemos un tímido ejemplo.

 

El Estado como empresario

El Estado, como en los exitosos sistemas soviético y bolivariano, será el máximo empresario gestionando directamente los sectores económicos “estratégicos” (¿en nuestro caso el turismo o las fábricas de coches?) y como colchón para garantizar su éxito económico y ganarse la confianza de los mercados prometen impagar la deuda pública ilegítima; por cierto ¿qué parte de la deuda considerarán ilegítima? porque los gastos a los que se ha dedicado pueden haber sido muchas veces despilfarradores, pero las emisiones de deuda, en las que directa o indirectamente gran parte de los españoles tienen invertidos sus ahorros, son todas idénticas.

Muchos piensan que pasado el momento de rabia máxima contra la corrupción y los desmanes de los partidos tradicionales y constado fehacientemente que los líderes de Podemos son en ese aspecto más de lo mismo, las aguas volverán a su cauce, pero mi opinión es que, si bien ello es cierto en cuanto al voto “prestado” a Podemos por los votantes habituales de estos partidos, el núcleo duro de sus votantes, que es muy numeroso, les permanecerá fiel.

¿Y cuál es ese núcleo duro de votantes de Podemos? Pues un conglomerado de simpáticos “indignados”, “ninis”,  estudiantes perpetuos, frustrados sin causa y otros perroflautas y parásitos vocacionales que antes en gran medida no votaban y que han encontrado, me temo que para siempre, su partido.

Poco importará que el país se arruine

Que nadie lo dude, existe un asombrosamente amplio espectro formado por aquellos que, aunque de manera inconsciente y nunca reconocida, están mucho más preocupados por lo que la sociedad puede aportarles que por lo que ellos pueden aportar y no aspiran a otra cosa que vivir indefinidamente  del Estado y/o de sus familias instalados en un nirvana parasitario con la protesta como fin último y justificación vital que, por muchos escándalos que surjan en Podemos, le serán inquebrantablemente fieles.

Como el PSOE, en plena descomposición, previsiblemente no tendrá otra alternativa tras las próximas elecciones que apoyarlos, es más que probable que el admirador de Robespierre sea el próximo Presidente del Gobierno de España, lo cual es para echarse a temblar; o para irse.

Y es que una vez instalados en el poder poco importará a Pablo Iglesias y a los suyos que nadie produzca y que el país se arruine; como demuestra su modelo venezolano, y en menor medida el nuestro en Andalucía, el convertir a los votantes en clientes no falla: una vez acomodados a comer en el pesebre, aunque el pienso escasee sus acólitos lo serán para siempre; ¡y es tan fácil hacerse devoto del cielo en la tierra sin dar un palo al agua que promete la iglesia de Iglesias! Hasta que las pulgas acaben con el perro y no les quede sino devorarse entre sí.

Adolfo Barrio