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Otras opiniones

Otro líder opositor encarcelado en Bolivia

Noviembre 24, 2010

El pasado mes de junio se reunieron en Santa Cruz, al oeste de Bolivia, el Presidente Evo Morales y el líder opositor y mandatario de esa rica región Rubén Costas. Por lo distendido de la reunión, más si tenemos en cuenta que hacia solo unos meses la mera presencia del Presidente era rechazada por la oposición autonomista, pareció que empezaba a abrirse un nuevo horizonte de estabilidad en la agitada historia de la nación andina.
 
Sin embargo, en las últimas semanas una serie de hechos están empezando a truncar toda esperanza. Uno de estos, tal vez no el más conocido, aunque sí uno de los más esclarecedores, es el proceso contra Jaime Barrón.
 
Auge y caída de un político opositor
 
La trayectoria del político Jaime Barrón está estrechamente ligada a su ciudad natal, Sucre. Por una parte como profesor en la universidad local -la de San Francisco Xavier, una de las más antiguas del Nuevo Mundo- de la que llegó a ser su rector, por otra como líder local, primero en las filas del Movimiento Interinstitucional  -plataforma cívica que abogaba por la vuelta a la plena capitalidad de Sucre frente a La Paz- y, posteriormente a la cabeza de un modesto partido, el PAIS (Pacto de Integración Social), con el que logró el pasado abril ganar la alcaldía de la ciudad a la candidatura oficialista del MAS (Movimiento al Socialismo), el partido del Presidente Evo Morales.
 
Sin embargo, casi inmediatamente después, esta progresión se vio frenada en seco cuando fue imputado -junto con otros quince sospechosos- por un delito de instigación contra un grupo de simpatizantes del MAS. A lo que hay que sumar ahora su reciente ingreso en prisión por creer que existía riesgo de fuga. Los hechos por los que será juzgado se produjeron en mayo de 2008 cuando un grupo de cincuenta campesinos acudieron a Sucre a recibir a Evo Morales con banderas indígenas y del MAS. La ciudad hervía en un clima de abierta rebeldía contra el Presidente, hasta el punto de que éste decidió cancelar su visita. Peor suerte corrieron estos partidarios suyos, que fueron obligados a desfilar semidesnudos por la ciudad, mientras eran golpeados e insultados por una muchedumbre.
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Aunque desde las filas Movimiento Interinstitucional se apresuraron en condenar los hechos, desde el partido de Morales se vio este ataque como un caso de “racismo y discriminación hacia los indígenas” por lo que inmediatamente interpusieron una denuncia contra sus líderes, Barrón entre ellos.
 
Crimen o castigo
 
Para los dirigentes del MAS todo está ahora en manos de la justicia, que será la encargada de dilucidar si se produjo o no un delito. Sin embargo desde la oposición ven en todo este proceso y en otros varios abiertos contra distintos líderes opositores, una estrategia para castigar a toda voz que se atreva a discrepar en Bolivia. Tal vez todos tengan su parte de razón, pero lo que sí parece indudable es que la primera víctima está siendo el clima de entendimiento que parecía haberse iniciado en junio.
 
A lo que debemos añadir que estos hechos se producen cuando la sociedad boliviana esta embarcada en un acalorado debate sobre la  “Ley contra el racismo” que es vista por algunos, sobre todo periodistas, como la excusa para crear una “mordaza” contra la libertad de prensa, puesto que deja claro que dar opiniones racistas será multado con el cierre del medio. ¿Pero quién decidirá si casos como el de Sucre se deben considerar racismo? Para el MAS ya hemos visto que lo es. ¿Cerrarán por tanto a los medios opositores que defiendan a Barrón?
 
De momento el malestar solo se ha hecho palpable en Sucre, donde al encarcelamiento de Barrón hay que sumarle el que en la alcaldía haya sido relevado por la candidata del MAS, todo lo cual ha llevado a algunos universitarios a iniciar una huelga de hambre. Sin embargo existe un claro riesgo de que en otras regiones vuelva a imperar la desconfianza hacia el Gobierno, lo que podría reavivar la inestabilidad de años pasados que ya casi parecía superada.



Carlos Aitor Yuste