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Otras opiniones

Ortega Cano en el ruedo de la justicia

Marzo 12, 2013

Esta semana le escribo desde Sevilla, donde entre chaparrones, ha comenzado el juicio contra el torero José Ortega Cano. El 28 de mayo de 2011 el diestro, mientras conducía, invadió el carril contrario y chocó de frente contra el vehículo de Carlos Parra que falleció por la brutalidad del impacto. La fiscalía y la acusación particular piden para él 4 años de cárcel por tres delitos: dos contra la seguridad vial (ir bebido y conducir temerariamente) y uno de homicidio imprudente.

El juicio ha comenzado con las cuestiones previas. El abogado del torero ha pedido que la prueba de alcoholemia se declare nula. ¿Por qué? Pues porque para sacarle sangre con fines jurídicos debería haberlo autorizarlo el propio Ortega Cano. Como su vida corría peligro nadie le pidió permiso. Otra alternativa es que esa misma noche lo hubiera ordenado un juez, pero no lo hizo. ¿Entonces por qué le sacaron sangre? Sencillo, lo hicieron en el hospital para curarle, solo para curarle. Es decir, se le extrajo sangre con fines terapéuticos no para llevarlo a la cárcel. De por sí, este hecho invalidaría la prueba, pero hay más errores. Durante trece días no se respetó la cadena de custodia, lo que significa que cabe la posibilidad de que el vial con la sangre pudiera sufrir algún tipo de alteración. Y hay un tercer fallo. Hasta cinco días después del accidente el magistrado no ordenó que se buscaran alcohol y tóxicos en la sangre del torero. Lo hizo en una resolución en el que no explica nada, es decir, no argumenta las razones que le llevaron a adoptar semejante medida. En derecho, los autos inmotivados son nulos y por tanto el 1,26 que dio de alcohol en sangre (el máximo permitido es 0,5 en sangre) es como si no existiera.

Posible prisión

En base a este último argumento, el abogado de la defensa ha solicitado que no se pudiera hablar ni de la sangre ni de la alcoholemia durante el juicio, por mucho que el convencimiento popular sea que iba como una cuba. Su señoría, sin embargo, ha permitido que la tasa de alcoholemia sea un asunto de debate jurídico y ha anunciado que ya resolverá si la sangre es nula o no en la sentencia. Así que la prueba que demuestra que iba borracho, a día de hoy y de momento, es válida.

José Ortega Cano puede entrar en la cárcel. El homicidio imprudente está penado con una horquilla que va del año de prisión, la más leve, a los cuatro años entre rejas, la más dura. Si las acusaciones logran probar que iba borracho o que conducía temerariamente, cualquiera de estos hechos implicaría que la condena  se movería entre los dos años y medio y los cuatro años entre rejas, justo la mitad superior del homicidio. De ser así y sino se considera ninguna atenuante, el diestro ingresaría sí o sí en prisión.

Por eso durante su declaración, el diestro ha insistido varias veces en las mismas ideas: “Por mucho que me pregunte si bebí aquel día no me voy a salir de lo que le he dicho. Sólo me mojé un poco los labios con una copa de cava”. “Me sienta muy mal la cerveza me da gases yo soy un hombre muy deportivo”. Aquel día solo tomé una Coca Cola, nada de alcohol”. “Si se trata del día de mi boda con Rocío Jurado, ese día sí bebí una copa. Después tengo prohibido hacerlo”. “Yo no soy un hombre de bares. Me gusta el campo, la naturaleza y el deporte”. “Justo cuando murió mi mujer el que quería morirse era yo. Ahí sí me refugié en la bebida unos meses. Fue solo el momento ese”.

Las llamadas de los testigos

También ha insistido el diestro en que no condujo rápido ni temerariamente ni realizó adelantamientos irregulares ni puso en peligro la vida de los demás. Mucha gente no lo cree, pero como imputado tiene derecho a no decir verdad. Los que sí tienen la obligación de atenerse a la realidad son los testigos y hay varios que aquella noche pasaron miedo. Al punto de que llamaron al 112 para denunciar que un “loco” andaba suelto por la carretera.

Mientras todo esto ocurría, la viuda de Carlos Parra, Manuela Gurruchaga fumaba con ansia a las puertas de juzgado. No podía entrar en la sala hasta declarar. A ella se la ha visto rota y nerviosa. Es una enorme obviedad pero no hay condena suficiente que satisfaga y alivie el dolor a esta mujer. Ni a ella ni a ningún familiar de ninguna víctima. Es una terrible certeza. Como también cabe la posibilidad de que Ortega Cano sea absuelto de todas las acusaciones. En un mes, más o menos, sabremos la respuesta.

 
Nacho Abad