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¡Qué fuerte!

Odio las despedidas de soltero

Agosto 10, 2016
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He leído esta semana que en Mojácar han prohibido las despedidas de soltero obscenas e indecorosas así que, creo que me voy a ir a vivir allí. No hay nada que me resulte más ridículo que ver a chicos y chicas pasados de alcohol, vestidos con disfraces absurdos, ellas con penes en la cabeza y ellos vestidos de mujer o paseando muñecas hinchables. Llámenme antigua, aburrida, sosa o lo que les dé la gana pero de verdad que no le veo la gracia. Borrachos hasta más no poder, haciendo el ridículo, gritando y bailando por la calle como si no hubiera mañana, como si casarse fuera un castigo y antes de dar el “sí quiero” hubiera que hacer todo aquello que se supone que no se puede hacer una vez que el dedo anular derecho luce una alianza. Para ellos es muy divertido pero para los que lo sufren no lo es tanto y, ahora, estamos en plena época de estas celebraciones horteras. Porque, ¡no me negarán que son horteras! La futura mujer se deja poner, por sus amigas desenfrenadas, una diadema con un velo y un pene en la cabeza y va tan feliz y contenta paseándose por las calles de la ciudad a la que la han llevado, orgullosa de ser la protagonista de esa ridiculez.

Freno a estas fiestas ridículas

El futuro marido, disfrazado también de cualquier cosa absurda, suele ir acompañado siempre de una muñeca hinchable que va pasando de mano en mano y, cuando les apetece hacer la gracia, simulan el acto sexual con ella. Vamos, ¡una cosa graciosísima! Si a todo esto añadimos que se emborrachan como si beber alcohol les hubiera estado prohibido, es ya el colmo. Ellas aprovechan la oportunidad para entrar a cualquier ser humano con pene que se tercie, como si jamás hubieran ligado en la vida y tomando esa celebración como la excusa perfecta para hacer aquello que, por tener pareja, no puedes hacer: tontear abiertamente con otros. Ellos jalean a cualquier hembra que se ponga delante como si nunca hubieran visto una. Jalean escotes y traseros cual hombres prehistóricos como si jamás hubieran visto ninguno. En definitiva, un despropósito colmado de estupideces indigno del ser humano.

He llegado a conocer historias totalmente aberrantes de cosas que se han llegado a hacer en despedidas de solteros, siendo la infidelidad lo más leve que haya podido suceder en esas noches locas. Contadas entre amigotes como algo prodigioso que llegaron a realizar y que no dejan de avergonzarme al escucharlas. No entiendo tomar como excusa una celebración así para dar rienda suelta al desenfreno, la horterada, el alcoholismo y la juerga sin medida, así que estoy encantada con que municipios como Mojácar pongan freno a estas fiestas ridículas.

Rosana Güiza

rosana@rosanaguiza.com