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Otras opiniones

¿Oculta algo la fiscal jefe de A Coruña?

Diciembre 2, 2012

En mi misiva de esta semana me viene en gana ejercer mi derecho a la impertinencia, por supuesto no con usted, sino con una dama del mundo de la judicatura que a lo mejor por su cargo se cree intocable. Le diré su nombre completo porque va a oírme hablar mucho de ella y no sólo hoy. Se trata de María Esther Fernández García, fiscal jefe de A Coruña. Me cuentan que esta señora, el próximo día 10 de diciembre, tiene la intención de echar tierra sobre una muerta. Literalmente quiere enterrar el caso de María Dolores Villar, asesinada en una playa de Galicia. ¿Quién es Loli? ¿Y por qué diantres la fiscal quiere cerrar el caso?

El 2 de agosto de 2008 varias personas se toparon con el cuerpo sin vida de una mujer ahogada en la orilla de una playa de Carnota. Su cuerpo se movía flácido a la imprevisible merced de la corriente. Era Loli Villar. En un principio se especuló con el suicidio o con un accidente, pero los agudos ojos de los investigadores del caso lograron que semejante patraña no colase.

Testigo protegido

Le haré un resumen de las pesquisas de la Guardia Civil en los siguientes meses a su muerte. El día de autos, un testigo (ahora protegido) se fijó en un hombre musculoso y de buena planta que caminaba acompañado de una mujer por la playa de Carnota, en A Coruña. Le diré que él era y sigue siendo Jesús María Carro Fernández, ex policía expulsado del cuerpo con antecedentes por robo con fuerza, estafa, tenencia ilícita de armas, tráfico de drogas y lesiones. Ella Loli, la futura víctima. Una hora después este testigo protegido, mientras caminaba por la costa, escuchó un grito desgarrador. Segundos después otro que quedó interrumpido, ahogado. Se le heló la sangre. Pensó que alguien estaba en apuros o al borde de la muerte. Retrocedió apresuradamente sobre sus pasos buscando el origen del estertor de la muerte. Se asomó desde unas rocas y vio al mismo hombre musculoso. Esté trató de esconderse, pero la imagen era nítida. Estaba parcialmente sumergido en una charca en la que el agua apenas llegaba a la cadera. El testigo se asustó y se fue. Su vista no llegó a comprobar si debajo del cuerpo del policía estaba Dolores Villar, aplastada contra la arena. Buscando aire y tragando agua. Lo cierto es que su cuerpo fue encontrado en ese entorno horas después.

Ex policía, podrido de antecedentes, y víctima se habían conocido por un anuncio. Ella, viuda, y con una respetable fortuna escribió: “Mujer sofisticada, culta, con la vida resuelta, elegante y sin cargas familiares, conocería caballero o busca pareja. Abstenerse no cualificados”. Pero llegó él, que cultivaba su cuerpo y trataba de hacerlo con su bolsillo con escaso éxito. Las semillas de los euros no terminaban de germinar en su cuenta bancaria. A pesar de estar casado respondió al anuncio y al poco tiempo comenzaron una relación trufada de sospechas que la víctima le trasladó a su entorno, que constan en el sumario y que se resumen en esta frase: “No me fío de él. Solo quiere mi dinero”, confesó ella a quien quiso oírla. Un amigo le llegó a advertir: “Loli, ten cuidado con él porque te va a matar, es una persona descorazonada”.

Más pesquisas policiales

La Guardia Civil, también averiguó que días antes del fallecimiento, el ex policía había obligado a Loli a contratar dos seguros de vida de los que él era el beneficiario. Si le tocaba la lotería y su pareja se moría, su menguada cuenta respiraría con 300.000 euros. A mí me parece el más viejo de los móviles criminales pero desgraciadamente sigue estando vigente. Lo más curioso es que en un momento en que Loli y la comercial se quedaron solas durante la firma del seguro, la víctima le pidió que dejase sin efecto la póliza, para luego poner cara de póker cuando el ex policía se reunió con ellas.

Le podría contar una docena más de indicios como la vez en que Jesús María ordenó a un cerrajero que reventase la caja fuerte donde Loli guardaba en un sobre lleno de billetes de 500 euros. Y que se guardó él. De cómo mintió durante los interrogatorios. Por ejemplo, aseguró que él se fue de la playa a las 13:30 probablemente buscando coartada a la hora de la muerte. Sin embargo, el repetidor del teléfono lo sitúa allí a las 13:50.

¿Por qué quiere cerrar el caso?

A la fiscal jefe de A Coruña no le choca nada de esto. Ni si quiera el hecho de que Jesús llevara a Loli a Carnota, que distaba 100 kilómetros de su casa, y la dejara allí tirada sin vehículo. Sin forma de regresar. Aunque nunca volvió, porque aquel día murió “accidentalmente”. Por esa razón y a lo mejor por alguna otra oculta que manejo entre mis pensamientos y que le contaré en cuanto reciba los papeles, María Esther Fernández García ha decidido quitarle el caso al fiscal que llevaba luchando años para destapar la verdad del terrible suceso que aconteció aquel agosto de 2008. Él sí que tenía claro que había indicios más que suficientes para sentar a Jesús en el banquillo acusado de asesinato. Sin embargo, la fiscal jefe en una vista que se celebra este próximo 10 de diciembre ha anunciado a sus íntimos que ¡¡¡pedirá el archivo!!!

Desde aquí animo al Fiscal General del Estado, al señor Torres Dulce, del que me dicen que es amigo de la fiscal, a que se olvide de afinidades personales e investigue. Debería averiguar por qué María Esther Fernández no quiere sentar a Jesús en el banquillo.

Nacho Abad