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Los puntos cardinales

Obama cura heridas y sella alianzas vitales en Oriente Medio

Marzo 26, 2013

El paso de Barack Obama por Oriente Medio ha vuelto a poner de manifiesto que el éxito de sus gestiones no se basa sólo en un colosal carisma y en una oratoria entusiasta y convincente. Por supuesto, sus enemigos políticos, pero incluso sus correligionarios demócratas no entendían que el presidente norteamericano no hubiese viajado a Israel a lo largo de los cuatro años de su primer mandato. Era un desdén incomprensible para el gran aliado de América en la región. Y no sólo eso. Las relaciones con el primer ministro, Benjamin Netanyahu, se deterioraban como nunca antes, y así quedó de manifiesto ante todo el mundo durante la última Asamblea General de la ONU del pasado mes de septiembre. Pero Obama volvió a vencer y ordenó a su equipo que coordinase agendas con Netanyahu, quien precisamente lograba un exiguo triunfo en las urnas al tiempo que Barack Obama iniciaba su segundo mandato. El Air Force One puso rumbo a Tel Aviv y de ahí los logros de este viaje.

Barack Obama marca los tiempos y los escenarios. Por eso, la primera decisión incómoda fue rechazar la invitación de intervenir en la Kneset, el Parlamento israelí. Sin embargo, desde que bajó la escalerilla y piso tierra judía se notaba que iba a haber una buena sintonía con sus anfitriones. Para quienes desde las zonas ultramontanas del Partido Republicano o del Tea Party tuviesen alguna duda, el presidente dejó bien clara la alianza inquebrantable con Israel, un entusiasmo que acabó enarcando algunas cejas en la Mukata de Ramala porque la Autoridad Nacional Palestina interpretaba ese compromiso como un factor de desequilibrio por parte del único actor capaz de relanzar el proceso.

Está claro que a Obama le interesa avanzar en ese camino, pero la situación en la región ha alterado la relación de prioridades. Todo pasaba por lograr que Israel y Turquía, el único miembro de la OTAN en la zona, restañasen las heridas abiertas desde el asalto a la flotilla que en 2010 intentó romper el embargo en aguas de Gaza y en el que murieron varios ciudadanos turcos. Se han roto, pues, tres años de aislamiento entre dos naciones cuyo papel es decisivo en medio de las alteraciones que experimenta toda esa parte del globo. El Gobierno turco es un bastión de firme oposición al régimen sirio de Assad. Y, coincidencia o no, hemos conocido el anuncio del Partido de los Trabajadores del Kurdistán de abandonar la lucha armada contra Turquía después de treinta años, un auténtico foco de dispersión para los aliados de Ankara, necesitados de concentrar toda la potencia de sus fuerzas armadas pendientes de la deriva siria.

El problema de Irán

Obama también ha sabido relajar a Israel respecto del dossier atómico de Irán tras las señales de premura de Netanyahu para dar el paso adelante de la acción militar de castigo. El Gobierno de Israel confía en el compromiso de la Administración demócrata de impedir que el desarrollo nuclear acabe logrando una bomba nuclear. Los judíos estaban convencidos de que podrían disponer de ella en primavera y Estados Unidos sostiene que, como muy pronto, dentro de un año. La Casa Blanca juega con el factor tiempo para trabajar en clave diplomática, pendiente además de la incertidumbre de las elecciones iraníes, de cuyo resultado dependerá hacia dónde deriva ese programa científico.

La última escala del viaje fue Jordania, un buen amigo de América que además es un factor imprescindible en las relaciones con los estados árabes fronterizos. La gira, por tanto, ha cosechado unos frutos necesarios en un momento en el que las miradas del mundo se concentran en el inquietante futuro sirio y en la desunión de los opositores, además de en las bravuconadas atómicas de un Irán en el que cada día hay más luchas internas de poder. Como vemos, Obama combina sus geniales dotes de oratoria con sus conocimientos para lograr que las heridas cicatricen cuanto antes.

Ángel Gonzalo, Redactor Jefe Internacional de Onda Cero.