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Los puntos cardinales

Obama como Franco: Todo atado y bien atado

Mayo 3, 2011

La muerte de Osama Bin Laden tiene muchas e importantes consecuencias, pero también genera preguntas para el futuro inmediato de difícil respuesta. Respecto de lo primero, la “Operación Jerónimo” ha dado en los morros a quienes dudaban del coraje de Barack Obama y su capacidad para defender al país que el presidente de los Estados Unidos no es ese pusilánime contra el que se ha venido cebando el sector más duro del Tea Party, víctima también de la sucesión de malas artes exhibidas sin ningún pudor el multimillonario Donald “Trumposo”, convertido en aspirante a la Casa Blanca. Habrá, por tanto, un notable rédito político para el candidato demócrata a la reelección, envuelto en el simbolismo del décimo aniversario del 11-S y con la vista puesta ya en las primarias.

Sin embargo, la muerte de Bin Laden no supone el final de Al Qaida. Es cierto que “la base” ha venido evidenciando que estaba seriamente tocada, y su capacidad operativa, mermada. Pero el terrorista saudí ha hecho lo que FrancoAyman Al Zawahiri, y el jefe de operaciones, Mohamed Atef, recogerán el testigo de Osama. Al Qaida no tiene una estructura piramidal.

La venganza se cocina en cualquier lugar

Muy al contrario, las franquicias en las que se divide por zonas disfrutan de una altísimo grado de independencia a la hora de perpetrar acciones terroristas. Lo comprobamos en el Magreb y también en el Sureste asiático, por poner solo dos ejemplos. La venganza, pues, estará cocinándose en cualquier lugar contra intereses norteamericanos -o, por extensión, occidentales- en cualquier punto de planeta, precisamente por esa capacidad y diversificación mundial de las franquicias de Al Qaida.

Y otra lección que nos deja esta noticia es el más que dudoso papel de Pakistán en la lucha contra el terrorismo global y el deterioro aún mayor de unas relaciones francamente descompuestas entre los Gobiernos de Islamabad y Washington, de las que ya dimos cuenta en la sección anterior. Aseguraba ayer el presidente, Asif Ali Zardari, en el Washington Post que su país siempre ha cooperado con el socio estadounidense en el combate contra este tipo de organizaciones radicales. Sin embargo, el discurso se desmonta cuando nos enteramos de que Osama estuvo rodeado de militares paquistaníes de alta graduación durante los últimos cinco años.

No me negarán que hay tener una gran tranquilidad ambiental para ser el hombre más buscado y odiado del mundo y vivir durante un lustro en un vecindario de uniformados. Ya pueden ir echando cuentas en la capital pakistaní. Probablemente las condenas verbales les traigan sin cuidado, pero mil millones de dólares anuales en ayudas corren el riesgo de desaparecer, como el cadáver de Osama.

Ángel Gonzalo, Redactor Jefe Internacional de Onda Cero.