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No me moverán

Nueva Rumasa: El precio del riesgo

Febrero 21, 2011

El anuncio de que Nueva Rumasa se acoge a la Ley Concursal, para intentar evitar el concurso de acreedores -antes suspensión de pagos-, es una demostración de la Ley del Precio del Riesgo. Se puede definir esta Ley de la siguiente manera: el beneficio ofrecido a una inversión es proporcional al riesgo de la misma.

Por tanto, si la rentabilidad ofrecida a unos pagarés o deuda es muy alta es porque el riesgo también lo es. Por eso, los inversores de bonos de 50.000 euros que esperaban intereses elevados de Nueva Rumasa no pueden llamarse a engaño. Es más, por si había alguna duda, los anuncios de esas emisiones aclaraban que la CNMV (Comisión Nacional del Mercado de Valores), estaba al margen de la operación; es decir, ningún organismo oficial se hacía responsable de buen o mal fin de la misma.

No a los “picapleitos”

Sin embargo, la defensa de los inversores de esos bonos puede alegar que ha habido “asimetría de información”; que el anuncio de las emisiones pudo ser engañoso ya que ofrecía “garantías reales” -valor calculado de los stocks en vinos y otras bebidas, por ejemplo-, que no parece que ahora puedan responder por la deuda. A este argumento se puede contraponer que cualquier experto podría haber asesorado a los bonistas y haberles aclarado que las valoraciones son hipótesis. El valor real de las cosas lo pone el mercado y no se sabe de verdad hasta que se ha hecho la transacción.

Parece que 5.000 bonistas están atrapados. Personas que jugaron al riesgo y puede que pierdan parte de su inversión. Esperemos que no haya ningún “picapleitos” que quiera arrogarse su representación o la consiga de una parte de ellos. Sería una ingenuidad, que solo lleva a gastar más dinero.

Devolver lo que se pueda

También es de esperar que Nueva Rumasa, y en particular su cabeza, el Sr. Ruiz Mateos, actúe de manera responsable. Estoy seguro que es su intención. Ya dijo que se “pegaría un tiro” si no puede devolver ese dinero. Pues le digo que no hace falta empeñarse en devolverlo todo. No es razonable. Los bonistas han jugado con él para intentar llevarse un beneficio y han perdido. Es el precio del riesgo.

Ser responsable, en este caso, es devolver lo que se pueda, cuando se pueda y mantener la viabilidad de las empresas, ya que D. José María siempre dijo que lo más importante para él es la creación de puestos de trabajo. Lo demás son utopías, y la crisis ha hecho caer del guindo muchas de ellas. Es posible que sea doloroso reconocer un fracaso y asumir que se ha fallado a quienes depositaron la confianza enla familia Ruiz Mateos. Pero este dolor es también parte del Precio del Riesgo.

J.R. Pin Arboledas, Profesor del IESE. Cátedra de Gobierno y Liderazgo en la Administración Pública