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¡Qué fuerte!

Noe, una pequeña heroína

Noviembre 15, 2012

Ya hay un día mundial o internacional para casi todo. Mañana, 17 de noviembre se celebra el Día internacional del Niño Prematuro. Uno de cada diez niños nace prematuro. Nada menos que trece millones de niños al año en el mundo, de los cuales más de un millón no consigue sobrevivir. Son pequeños valientes que luchan con todas sus fuerzas desde una incubadora por salir adelante. Aunque no se le de importancia, hay muchas familias que viven pegadas a una incubadora, esperando que sus pequeños ganen una batalla para llevarles a casa y poder estrecharlos entre sus brazos. Mientras llega ese momento, ambos, padres e hijos superan la frialdad de las salas de neonatos gracias a las nuevas técnicas, cómo el método canguro, el apoyo a la lactancia y el acompañamiento continuo de los padres. Aun así, queda mucho por hacer y no se debería permitir que miles de bebés prematuros mueran solos en las unidades neonatales porque estos niños tienen derecho a ser acompañados por sus familias en todo momento y a recibir el calor y el cariño que, aunque no lo parezca, si que notan y necesitan.

Justo este es uno de los derechos más vulnerados pero, para un bebé así, las caricias de los padres, el olor y la voz son gestos importantísimos que sirven para que estos pequeños sigan luchando y consigan sobrevivir, a pesar de las secuelas que luego puedan sufrir. El miedo que siente una madre cuando le dicen que el parto se adelanta más de lo normal es indescriptible. El mismo miedo o más cuando, una vez parido, lo ve, tan minúsculo, indefenso, rodeado de cables, frágil y débil, sin más ayuda que la de una máquina y la desidia de la espera. Cuando un niño nace en el límite de la viabilidad significa que viene con enfermedades y problemas de todo tipo. Pero estos pequeños luchadores que no se rinden antes la adversidad. Son pequeños grandes milagros que no permiten que te vengas abajo si ellos no lo hacen, si ellos no se rinden sus padres tampoco pueden hacerlo. Si ellos luchan tan pequeños, ¿cómo no van a luchar sus padres por ellos?

La historia de Noe

Noe nació con 25 semanas en el hospital Universitario de la Fe, en Valencia. Pesó 760 gramos y midió 35 cm. Con sus órganos prematuros, tuvieron que entubarla y nueve médicos cuidaban de ella. La primera vez que María Pilar la vio, en la UCI neonatal, lo primero que quiso fue cogerla en sus brazos, acunarla y proteger a su pequeña, pero estaba llena de cables y alumbrada con una lámpara de rayos uva. Noe tenía la piel transparente y lo que más llamó la atención de María Pilar es que no tenía tetillas, algo normal por otro lado ya que no se había terminado de formar. Quince días fue el número que dieron para saber si Noe saldría adelante o no. Hasta que llegó ese día, Noe pasó por un hemotórax, un derrame cerebral, una leucomalacia ventricular, quistes, una operación de corazón, infinitas infecciones y una rinopatía. Todo esto en un cuerpo de veinticinco semanas. ¿Alguien da más?. Por fin, después de un mes, María Pilar pudo cogerla y estrechar piel contra piel. A partir de ahí comenzó el aprendizaje para poder vivir; Noe tuvo que aprender a respirar, a chupar, a tragar… todo un reto para ella. A los tres meses Noe se fue a casa con sus padres. Ellos muertos de miedo, empezaron con su lucha particular… Aunque los médicos lo veían casi imposible, Noe ya camina, corre, baila, y el próximo logro será que consiga hablar. Tiene ya dos años y ocho meses y, dice María Pilar, que ella “es el motor de mi vida y me ha enseñado lo valiosa que es la vida”. Son historias de pequeños héroes con tantas ganas de vivir que siempre acaban dándonos una gran lección estos pequeños grandes luchadores.

Rosana Güiza Alcaide