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Otras opiniones

No había duda, se había vuelto a enamorar

Noviembre 13, 2014

El caso es que ella le gustaba pero no le hacía bien. Sus mecanismos internos actuaban de forma autónoma creando un pelele donde hubo un hombre.


ENGAÑO DELIBERADO

Círculos concéntricos enterrados a mayor profundidad, para estudiar la climatología en el cultivo. Auténticos científicos de antaño. Ella miraba abstraída el centro de los círculos de Moray, preguntándose cómo sería la sensación en ese punto. Pero no llegaríamos a saberlo, el acceso estaba restringido. El recepcionista del hostal nos había engañado, al mencionar las energías que se dejaban sentir en el centro mismo como reclamo.

       ¿Cuánto tiempo lleva cerrado el acceso al interior de los círculos? – había preguntado él.

       Unos cuatro años – le contestó el taxista.

Se trataba del mismo taxista que nos había enviado el recepcionista. ¿Qué hacer en situaciones donde la palabra no tiene valor frente una pequeña comisión por servicios vendidos?

Ella miraba el centro de los círculos, abstraída. 

 
¿VEJEZ?

       Qué siga usted con tanta energía – despidió la guía al turista brasileño.

Y con gran acierto, porque el hombre desprendía entusiasmo como vapor el agua hirviendo. Era un hombre de edad avanzada, profunda barba cana y sombrero de aventurero. Y una camiseta en defensa de la legalización de la marihuana. Posiblemente taciturno en sus horas solitarias, para compensar la balanza, el anciano nos deleitó con un estupendo ánimo que acabó contagiando al grupo y consiguió arrancarnos buenas sonrisas. Y su aportación en el mundo estaba cumplida, sólo con eso. El resto del tiempo, se dedicaría a ser profesor, o a escribir libros, o a manejar haciendas. Es indistinto. Lo importante es que durante unas horas, compartió su alegría con todos nosotros y su candor aún resuena entre estas líneas.

 
TROPICAL

Las ventanas. Es lo que echaba en falta en aquel lugar. El edificio se encabritaba hacia la orilla amenazando con meterse dentro, propiciando unas hermosas vistas al mar. Una cristalera cerraba el perímetro del restaurante y una lona cubría del cielo raso, dejando entre ambos espacio suficiente para que la brisa bañara a todos los comensales. En climas tropicales pueden permitirse el lujo de disponer de espacios abiertos, dando una sensación de amplitud y apertura difícilmente conseguibles en una estancia cerrada. Recordaba haber sido consciente de esto por primera vez en La Habana, donde los establecimientos sólo tenían una reja en el lugar de la ventana. Comunicación abierta y continuidad de espacios.

       ¿Desea algo más el señor? – el camarero le sacó del trance.

No, bastaría con perpetuar este momento en sus sentidos para ser dichoso una vez más.

 
DESTACAR

       ¿Cuánto tiempo quiere mantener su nombre en este producto?

       El suficiente para que todo el mundo sepa que estaba en lo cierto y ustedes equivocados.

Los otros científicos se miraron inquisitivamente. Después de varias horas de conversaciones, habían llegado al meollo del asunto. Era sólo cuestión de llevar razón. No estaba interesado en el dinero ni en el reconocimiento. Se trataba de demostrar que su planteamiento era cierto, por encima de las posiciones de los demás. Y así fue como la fórmula se bautizó su nombre y aún lo conserva. Pero no porque su verdad fuera mayor que las otras, sino por su testarudez. La verdad era que la fórmula era el resultado de las aportaciones de los cuatro y que no hubiera sido posible sin todos ellos. Pero la soberbia se impuso y la tela se rasgó por el punto más arisco.

El deseo de importancia.
 
CRECIMIENTO

¿Era posible que estuviera pasando otra vez? El mismo patrón de conducta, similares síntomas, idénticas respuestas. No había duda, se había vuelto a enamorar. El caso es que ella le gustaba pero no le hacía bien. Sus mecanismos internos actuaban de forma autónoma creando un pelele donde hubo un hombre. Sólo que en esta ocasión se estaba percatando de su actitud. A veces resulta doloroso ver en lo que nos convertimos sometidos fuerzas del subconsciente. Pero es tremendamente conciliador darse cuenta y enmendar el proceso. Y uno sabe que está en este punto porque hay una comprensión y aceptación infinitos hacia uno mismo. A esto debe ser lo que llaman desarrollo personal. Aunque, modas aparte, seguramente sea fruto del origen de los tiempos.

Así pensaba un patricio en tiempos de Marco Antonio y Cleopatra. Se puso la túnica y se dispuso a salir para ver a su amada, como un chiquillo con renovadas esperanzas.

© Javier González Cantarell