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Otras opiniones

No había comparación con aquel momento

Septiembre 18, 2014

OPINIONES

       Es muy inteligente pero poco listo. 

Se miraron cautelosamente. ¿Cuál sería su relación con el jefe?, se preguntaba quien había hablado. El otro, ponderaba el valor de la información recibida, sin realizar el más mínimo gesto corporal. Tras un instante de silencio, ambos continuaron conversando. El primero, más estudioso de las palabras que utilizaba. El segundo, satisfecho de haberse ganado su confianza. A la gente le gusta conversar. Y él les dejaba hablar libremente. A veces, las mayores verdades están esperando como el polen a ser diseminado por doquier.

Quizás porque realmente, hay un deseo intrínseco de expresar lo que pensamos.

SEPARACIÓN

No había comparación con aquel momento. Se había ido creando esta situación entre ambos, despacio. Se la habían ganado a pulso, superando ciertos altercados.  Poco a poco empezaban a encajar, se amoldaban perfectamente el uno al otro. Pero por desgracia, él tenía que partir. Esto representaba un desgarro en el tejido creado entre los dos. Esto ya lo había vivido en el pasado, con su preciosa perra. Se vio en la obligación de dejar a su mascota al cuidado de otra persona. Y seguir adelante. Pero que la situación se volviera a repetir era surrealista. Parecía sacado de una novela. Sólo que ahora, otros sentimientos había de por medio.

Se miró al espejo y comprendió que el amor no distingue entre seres.

OSCURIDAD

El tren se aventuró en un túnel y se hizo oscuridad absoluta. Las lámparas de aceite estaban apagadas. El hombre de mantenimiento no había completado su trabajo. Las ventanas bajadas permitían escuchar el sonido de la máquina de vapor, retumbando en el interior del túnel. Poco a poco se fue haciendo la luz, y el vagón apareció en un nuevo paisaje montañoso, más verde en la ladera norte. Una señora mayor indicó:

       Estos tramos son los más bonitos del viaje, ¿verdad?

       Si no se tiene miedo a la oscuridad…

       ¿A qué se refiere, joven?

Entonces se percató de que la anciana era ciega.

REFUGIO

Eran casi las seis de la tarde y estaba anocheciendo.  Aún no se había acostumbrado a estos horarios. Buscaron un lugar donde detenerse para cenar. Empezaba a lloviznar. Escogieron una marquesina de autobús en medio de la nada. Difícilmente pasaría por ahí alguna línea regular. Se instalaron y encendieron el hornillo. Paulatinamente, el lugar adquirió cierto candor. De ningún lugar apareció un perro, olfateando, con la cola rasa. Nos miró, como miran los perros de cualquier lugar del planeta: con un seductor lamento. Ella no resistió la tentación de compartir un poco de jamón con el animal. Él la miró compasiva. Pensó que sólo una mujer tiene el talento para crear un espacio encantador de una parada de autobús provincial.

SALA DE ESPERA

Entró en la sala de espera con el número en la mano. Estaba repleta de personas esperando su turno. Consultó el monitor y se llevó una desagradable sorpresa. ¡Quedaba más de un centenar de números para que le tocara la vez! Se sentó y abrió un libro. Una mujer que estaba junto a él le dijo: – no es tan largo como parece, atienden muy rápido –. Él la observó y pensó en lo atractiva que le parecía. – ¿Lleva usted mucho tiempo esperando? – preguntó él sonriendo. – Mejor no le contesto a eso, no sea que salga en estampida –. Y así, continuaron charlando.

A veces, las instituciones públicas nos sorprenden gratamente con su cara más benévola.

© Javier González Cantarell