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¡Qué fuerte!

No aprobamos ni copiando

Diciembre 9, 2010

La huelga de los controladores aéreos ha formado tal caos en España que, ahora mismo, lo que más preocupa y lo que se ha convertido en una cuestión de Estado es que no hayamos podido volar durante unos días. Entiendo que el caos, las pérdidas económicas, los daños morales y todas las consecuencias producidas por este disparate son graves pero, por culpa de esto, nos hemos dejado cosas en el tintero que, quizás, sean mucho más importantes. Me refiero al famoso informe PISA que cada tres años nos pega una bofetada. Estamos a la cola de la cola, los últimos de los últimos y, a pesar de esto, aún sabiendo los malos resultados, no se toman medidas y de lo único que nos preocupamos es de justificarnos o de buscar alguien a quien echarle la culpa. Hace ya 10 años que España está por debajo de la media de los países desarrollados y, en lugar de haber intentado solucionar esto, vemos como, cada tres años, nos siguen sacando los colores mientras nosotros vamos pasando página. Es lo que hacen las instituciones encargadas del asunto, que se salvaguardan camuflando el fracaso como algo normal dentro de unos parámetros justos, quitando importancia a algo de lo que depende nuestro futuro. Además, se dedican a tirar balones fuera acusando al alumnado inmigrante como culpable de tal catástrofe, por ejemplo. Así justifican el desastre educativo en España. Y como España no es un país sino que son 17, pues cada uno se pica con el otro porque ha sacado más nota que su vecino y entonces sacan pecho y culpan a los más catetos de bajar la media de los demás. Así nos va.

El mal ejemplo de los políticos

Claro que, teniendo como ejemplo a nuestros políticos, ¿qué podemos esperar? De sobra sabemos, porque así nos enseñaron en el colegio, que, cuando nos dirigimos a un grupo de personas mixto se dice “señoras y señores” y, cuando es un grupo de otra índole, refiriéndose por ejemplo a alguna profesión, se usa el modo neutro que implica a los dos géneros, masculino y femenino. Todo el mundo era tan feliz y lo entendíamos perfectamente sin tener que diferenciar entre sujeto y sujeta. Sin embargo, los políticos se han empeñado en liarnos con esta cuestión tan simple e inútil en lugar de, por ejemplo, empezar por ellos mismos a culturizarse y aprender inglés, por decir algo.

¿Quién tiene la culpa del fracaso escolar? Puede que ahora los jóvenes ya no estudien para aprender, sino para aprobar. Puede que los horarios de antes fueran mejor que los de ahora. Puede que los padres estén demasiado ocupados y tengan un poco abandonados a sus hijos. Puede que ya no se respete como antes a los maestros. También pueden ser culpables los planes de estudios, diferentes en cada comunidad autónoma y que, para añadir mas leña al fuego, se cambian cada año quedando obsoletos los del año anterior. Planes de estudios que no se adaptan a las necesidades culturales de la sociedad sino a las necesidades políticas de cada Gobierno Regional. Lo que no creo es que la culpa sea totalmente de los profesores. Es evidente que existen profesores mejores que otros, como en todo, pero es verdad que existen leyes terribles como la L.O.G.S.E. o la L.O.E. que lo único que han permitido ha sido que los niños puedan pasar de curso sin aprobar el anterior y que tengan que estar escolarizados obligatoriamente hasta los 16 años, ocupando aulas, molestando al profesorado, a los que realmente quieren aprender y evitando que suban más las cifras del paro.

Esta profesión, que era totalmente vocacional, se ha convertido en un suplicio para muchos que tienen que aguantar el maltrato de los alumnos y de los padres y encima, ahora, se tienen que comer el marrón de un país y de un Gobierno que desprecia la importancia de la educación y no la toma en serio.

Rosana Güiza

rosanaguiza@extraconfidencial.com