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¡Qué fuerte!

No a la eutanasia infantil

Febrero 13, 2014

Jamás se nos habría pasado por la cabeza la posibilidad de quitarle la vida a un niño por padecer una enfermedad mortal y menos aún que el propio niño pudiera decidir que quiera morir porque su vida no le parece digna. Pero, así, de repente, ayer nos enteramos de que Bélgica se ha convertido en el primer país del mundo que permite la eutanasia infantil sin límite de edad. La verdad es que el tema es peliagudo. Si ya lo es con los adultos, ni contarles quiero como es en un supuesto infantil. Los belgas deben ser muy modernos o más bien gente sin escrúpulos ni sentimientos a los ojos del resto del mundo ya que el texto aprobado ayer fue respaldado por el 74% de la sociedad, según una encuesta. Este país que ya legalizó la eutanasia para adultos en el año 2002, se erige ahora a favor de la vida y la muerte digna también para los niños. Pero, ¿Qué es una vida digna? Por esta regla de tres, tendríamos entonces que aplicar la eutanasia a todos los niños del tercer mundo por no llevar una vida digna. Supongo que, al igual que el concepto de belleza, lo que es digno para unos no lo será para otros y viceversa. Que la vida de un niño enfermo de cáncer terminal o con una enfermedad degenerativa sea calificada como de indigna por personas mayores ajenas a él me parece tan deplorable y asqueroso como la sola idea de acabar con su vida.

Ganas de vivir
Los supuestos de la ley son muy claros: el derecho a los niños y adolescentes se extiende siempre que se demuestre que padecen un sufrimiento físico “insoportable”, su muerte a corto plazo es “inevitable” y la solicitud de una muerte asistida es “repetida y consciente”. Otros dos requisitos bajo los que será legal la eutanasia infantil son que los médicos que asisten al menor de edad confirmen su capacidad de discernimiento y los padres certifiquen que no se oponen a su decisión. Parece ser que allí y también en Holanda, donde la eutanasia es legal a partir de los 12 años, es una de las causas de muerte, no más frecuentes, pero si al menos practicada con normalidad. Y me cuesta tanto creerlo e imaginarlo que no sé cómo abordar el tema. Lo mejor en estos casos es, siempre, ponerse en el lugar del otro. Aún así, es complicadísimo. Conozco a niños enfermos terminales, con enfermedades raras con supuestos fatídicos desenlaces o con minusválidas exageradas que les impiden llevar lo que para nosotros es una vida normal pero que para ellos es la más normal del mundo y a nadie, jamás, he visto con tantas ganas de vivir y disfrutar la vida que les ha tocado como a ellos.

Sin ir más lejos, mañana 15 de febrero es el Día Internacional del Niño con Cáncer. Es una asquerosa enfermedad que se lleva a pequeños injustamente. Bien, pues no conozco a ningún niño ni a ningún padre al que se le haya pasado por la cabeza matarse a sí mismo o matar a su hijo. Y hablo con conocimiento de causa porque he estado relacionada con la Federación Española de Padres de Niños con Cáncer. También he conocido a familias y niños con enfermedades raras y a nadie, en ningún momento, se les pasa por la cabeza la palabra eutanasia. Al contrario, están llenos de vida, rebosan esperanza e ilusión, aunque muchos de ellos sepan cual es el terrible final que les espera. A veces los mayores somos más incongruentes que los pequeños y, si por ejemplo, estamos en contra de la pena de muerte para asesinos, no puedo entender que se esté a favor de la eutanasia para inocentes niños que viven dignamente con la enfermedad que les ha tocado vivir. La ciencia y la medicina ya se ocupa de hacerles más llevaderos sus días. Menos mal que los niños siempre suelen darnos grandes lecciones de moral, lucha, esperanza, dignidad y, sobre todo, lecciones de vida.
Rosana Güiza Alcaide