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¡Qué fuerte!

Niños indignados por el “no al bollo”

Junio 16, 2011

Que se vayan preparando los padres para hacer bocadillos al estilo Dani García o Ferrán Adriá para el recreo de sus hijos porque el Congreso ha dado luz verde, con el apoyo de todos los grupos parlamentarios, a la Ley de Seguridad Alimentaria y Nutrición, que prohíbe la venta de alimentos y bebidas con alto contenido en ácidos grasos saturados, ácidos grasos trans, sal y azúcares. A partir de ahora, será el Gobierno quien fije los niveles permitidos de estas sustancias en bollería, chucherías o refrescos que se suministren en las escuelas infantiles. Eso si, como siempre, no todo el mundo está contento con esta ley, unos porque piensan que ya nos controlan hasta lo que comemos, otros porque los límites no están bien puestos y faltan detalles y otros porque van a ver aumentar sus pérdidas económicas.

Las sorprendentes preocupaciones del Gobierno

Es curioso que los políticos tengan este tipo de preocupaciones con la que está cayendo. Siempre es bueno cuidar y velar por la salud de nuestros hijos, pero también es sorprendente que salgan adelante este tipo de leyes cuando hay otros asuntos prioritarios que solucionar en nuestro país. También es sorprendente que se controlen este tipo de cosas y no otras que afectan a la salud mucho más que un bollo o una chuche, simplemente por ser un hábito aceptado e integrado socialmente, por ejemplo. Sale al mismo tiempo que la “prohibición del bollo” el mal que hace otra droga tan común como es el alcohol.

Esta droga tan peculiar que es legal, que se consume desde tiempos ancestrales, que su abuso genera más costes a la sociedad que todas las sustancias ilegales juntas, que necesita consumirse mil veces más que la coca o la heroína para poder notar sus efectos sobre el organismo, resulta que actúa sobre este exactamente igual que el resto de drogas. El alcohol, la droga más común del mundo, tiene efectos dañinos igual que otras drogas pero sería impensable regularla y ponerle límites ya que la sociedad no lo aceptaría ni permitiría. Es una pena que los pobres niños a los que les pirran los bollos industriales no puedan hacer una acampada en las plazas de España para quejarse.

Los gastos de Pajín

Todo esto compete a nuestra Ministra de Sanidad, Leire Pajín, que no repara en gastos en su Ministerio. Una pasta se gasta en campañas publicitarias superando la previsión, mientras otros se aprietan el cinturón. Nada más y nada menos que 5,2 millones de euros se ha gastado en promocionar el uso adecuado de los servicios sanitarios y el uso de medicamentos genéricos, en la prevención de los embarazos no deseados en los jóvenes, en la prevención del Sida en personas inmigrantes o en sensibilizar sobre los riesgos del consumo de alcohol en embarazadas, entre otras.

De todas estas campañas la memoria me alcanza a unas tres por lo que el gasto no ha sido muy efectivo que digamos y, sinceramente, con una buena política e información sanitaria se podían evitar estos gastos excesivos. ¿Veremos ahora en nuestros televisores, vallas y marquesinas al “hombre del saco” persiguiendo a los niños con un bollo en la mano por los patios de los colegios? ¿O el amigo desconocido en la puerta del cole ofreciendo pepinos a cambio de bollos? ¿Será Rubalcaba quién protagonice estos papeles? Próximamente en sus pantallas, ¡no se lo pierdan!

Rosana Güiza
rosanagüiza@extraconfidencial.com