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Mensaje en una botella

Ninguna tiene unas tetas como las suyas

Septiembre 4, 2013

No vuelvo a pasar por Rusia cuando vuelva del Polo Norte. Y todo por conocer Vladivostok, esa mítica ciudad en la que acaba el Transiberiano. ¡Ése sí que es un tren mítico! Pero casi nos derriban cuando íbamos a tomar tierra en la ciudad. Lo comprendí hace unos días al leer que, según la edición digital del diario The Siberian Times, “un objeto brillante y de naturaleza desconocida ha atravesado la ciudad de Vladivostok; el objeto dejó una estela en el cielo durante hora y media”. Las autoridades no tuvieron claro cómo actuar y, aunque el Ejército se puso en alerta, finalmente no abrió fuego. Ahora comprendo por qué el comandante estuvo dando vueltas hasta aterrizar por espacio de 90 minutos.

Durante 90 minutos te da tiempo a repasar tu vida entera y, por tanto, a celebrar los aciertos y a renegar de los desatinos. Una hora y media da mucho juego. Puedes ver por la tele un partido de fútbol o uno de baloncesto. También puedes decidirte por ver uno de tenis, en cuyo caso es probable que una parte de la anatomía de Serena Williams monopolice la pantalla (siempre que el partido sea de féminas y que una de las contendientes sea la número uno del mundo). Williams ha declarado esta semana a la revista Du Jour: “Ninguna deportista tiene unas tetas como las mías”. Bola de set. Pero la tenista estadounidense no se ha conformado con catalogar sus pectorales y también lo ha hecho con sus posaderas: “Podría perder nueve kilos y seguiría teniendo estas tetas y este culo”. Bola de partido.

Durante la hora y media que el avión sobrevoló Vladivostok no tuve ocasión de vislumbrar el tren superior de Serena Williams. Luego, una vez hubo aterrizado el avión, conseguí conectarme a internet y descubrí con asombro que este verano ha vuelto Gibraltar a nuestras vidas. Ya estaba tardando en volver una de las serpientes de verano que nunca fallan.

Tabletita de chocolate

Aproveché para conectarme también a los medios de comunicación rusos y comprobé que se veía mucho al presidente de la nación. Vladimir Putin es el presidente de Rusia después de haber intercambiado el cargo de primer ministro con el anterior presidente. Dimitri Medvedev dejó de ser presidente con la llegada de Putin al cargo y se convirtió en primer ministro. No me negarán que los que mandan en Rusia son unos señores muy organizados y, en el caso de su presidente, muy cachas. Putin está cuadrado y tiene una tabletita de chocolate en el abdomen. Me recuerda a Aznar, pero con menos pelo y más desahogo.

Una vez llegado a Madrid, otro de los personajes con los que me he topado es también de los de tabletita de chocolate. Gareth Bale era objeto del deseo del Real Madrid cuando me marché al Ártico y seguía siéndolo cuando regresé a la capital de España. Finalmente ha quedado resuelto esta misma semana y el galés ya forma parte de la plantilla galáctica merengue. Bale es como Neymar, pero vestido de blanco y sin amigos transoceánicos con gastos pagados por contrato. En el caso del jugador madridista, saldrá más baratito traer a los amigos porque están más cerca. Pero sólo habrá que traerlos si figura en el contrato, que la palabra escrita es la que cuenta.

En cuanto a la palabra dicha, pero que queda grabada, del canal francés de televisión Météo, que anunciaba que éste sería el verano más frío de la historia desde 1816 y que agosto</strong> no sería un mes caluroso, volví a recibir visita en mi casa al llegar a Madrid a fin de mes. Llamaron al timbre y era ¡la misma rana con cantimplora que en julio me había pedidoagua para rellenar su frasco de metal aplanado! Un mes después volví a salir a la calle y ¡en plena Puerta del Sol volví a abalanzarme sobre la estatua de El Oso y el Madroño porque la confundí con un oasis! Que venga el Enfant de la Patrie, que voy a explicarle lo que es el calor ahora que ya sé cómo ha sido agosto.

Juan Diego Guerrero es director de Noticias Fin De Semana en Onda Cero

Sígueme en Twitter: @juandiguerrero