Menú Portada
Los puntos cardinales

Nicolás y Ángela tuercen a la derecha, mientras que a Silvio le abandonan los suyos

Noviembre 17, 2010

En los principales países de la Unión Europea los conservadores no tienen empacho en aplicar sus programas sin complejo alguno, sin absurdos intentos de pasar la brocha y dar pátinas de aparente centrismo al modo de gobernar. En el Reino Unido, por ejemplo, David Cameron ha puesto en marcha un ajuste que le ha granjeado todas las enemistades posibles. Lo ha hecho, claro está, como receta para sacar al país de una crisis con mayúsculas.
En la otra orilla del Canal de La Mancha, Nicolás Sarkozy ha acometido una remodelación del Gabinete de magnitudes napoleónicas, apagados los ecos de las manifestaciones contra la reforma de las pensiones. Tras reafirmar al primer ministro, François Fillon, el presidente de la República ha dado la orden y, a la voz ejecutiva de “derecha, ar”, ha prescindido de los ministros de Industria y Exteriores, dos pesos pesados procedentes de las filas socialistas. Así que se acabó el coqueteo en clave “gauche divine”, y a afrontar la recta final hasta la Presidenciales de 2012, con el marchamo de autenticidad de ese conservadurismo laico de nuestros vecinos del norte. Hay quien asegura ya en París que el gaullismo ha mutado en sarkozismo.
 
Pasemos al otro lado de Alsacia para ver qué ha hecho la canciller alemana. Ángela Merkel ha asumido el control absoluto de la CDU, dejando bien claro que la alianza con los liberales es molesta para las expectativas electorales futuras y echando por tierra cualquier posibilidad de nuevo experimento de gran coalición con los socialdemócratas. Merkel ha rejuvenecido la cúpula democristiana y, con el aval de haber reducido de cinco a tres millones la cifra de desempleados, se va a volcar en defender los valores tradicionales antes de que el próximo año los comicios en los landers midan su verdadero poder.
 
El caso italiano es radicalmente distinto. El pensamiento político de Silvio Berlusconi no ocuparía más de un par de párrafos. Su modo de gestionar el país como si fuese una de sus empresas y una larga retahíla de escándalos financieros y sexuales le han puesto contra las cuerdas. El 14 de diciembre se someterá a una moción de confianza en el Senado y otra de censura en el Congreso, con los Presupuestos del 2011 en la nevera. Su hasta ahora socio, Gianfranco Fini, un heredero converso de Mussolini, le ha dejado a los pies de la loba, mientras Rómulo y Remo otean divertidos el horizonte político de las siete colinas. No en vano han sido testigos del devenir del país desde el Imperio. Si hay elecciones anticipadas la próxima primavera, tampoco llegará la sangre al Tíber.
 
Desde que acabó la Segunda Guerra Mundial, el país ha tenido sesenta gobiernos y curiosamente fue Giulio Andreotti, el político que más veces ha ostentado el cargo, quien batió todos los récords de eventualidad al permanecer sólo nueve días en su despacho del Palazzo Chigi. De modo que no hay problema; ya hemos visto antes todos los colores del mosaico italiano.



Ángel Gonzalo, redactor jefe Internacional de Onda Cero