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A renglón seguido

Negras (Obiang y don Juan Carlos) y Blancas (Rouco Varela)

Abril 13, 2014

Hemos oído alguna vez ese latiguillo lingüístico de “los achaques de la edad”, si bien no sabemos a quién achacarle la autoría –al menos yo- forma parte del acervo cultural del pueblo llano y de las alturas, sean  centimétricas ó mentales.

Estos días atrás han ido hacia adelante la presencia y declaraciones de dos septuagenarios, que aguantan como geranios en invierno, sobre el tablero de la actualidad política española en una especie de partida de ajedrez –no en balde jugaban blancas y negras- en la que, desafiándonos en una simultánea común, arremetían, a su manera, contra el buen gusto y el raciocinio del espectador.

Paradójicamente el primero –Obiang– movía ficha jugando con negras, y  anunciaba su presencia en los funerales de Estado por Adolfo Suárez. Al parecer, nadie estaba cómodo con la presencia del impresentable dictador, que lo es, porque, según su versión, “dicta las normas”; ¡vaya letrado de mi entrepierna!

La explicación oficial de nuestro Gobierno es, que se invita a este acto a todos los países con representación diplomática en España, y cada uno decide el compareciente. Pues se ha lucido la diplomacia guineana, desluciendo con su presencia el acto. Estaba claro, negro y en botella… Nguema en estado puro; y dando la nota de color, puesto que era el único Jefe de Estado, al margen de Juan Carlos, presente. De paso, ha intentado poner en jaque al Rey, manifestando que Su Majestad ha intervenido para la presencia en Bruselas de Teodoro, te adoro, invitado por el Instituto Cervantes.

El segundo –Rouco– en un exhibición de ex-conferenciante de la Conferencia Episcopal, nos regalaba,  desde  lo que  cataloga  el  ejecutivo como libertad de expresión, un discurso pre-conmemorativo del “Ha Estallado la Paz” a base de tener “cautivo y desarmado el ejército rojo” […] a 1º (primero) de Abril de 1939

Este hijo de muy santa madre, pero también de sotanás, trasladaba a los presentes, televidentes y radioyentes en su homilía de acechantes males bíblicos y salpicada con la sal y la pimienta del miedo: “Buscó (Suárez) […] la reconciliación […] política y social de aquélla España […] que quería superar la Guerra Civil, los hechos y las actitudes que la causaron, y que la pueden causar”.

No sabemos cuáles han sido las aviesas intenciones de Monseñor Varela, pero visto lo visto y oído lo oído, parece que quisiera conmemorar las bodas de diamante de un contrayente militar que se pronunció en 1936 a través de un matrimonio con las armas, para divorciarse de la democracia maridada a través de las urnas por los civiles, y concluir su hazaña bélica a base de represalias, para no dejar ni rastro de los testigos de la sangrienta celebración. Los supervivientes del enlace deberían de servir al cubierto bajo palio, para inmortalizar su patriótica descendencia de despropósitos, que descansarían sobre los hombros de los hombres, mujeres y niños sometidos durante ocho lustros de ningún lustre y nada lustrosos.

Que Dios se apiade de Antonio María… de Villalba.

Paco de Domingo