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Atando cabos

Navidad, y se os dará

Diciembre 14, 2015
Navidad

Habría que plantearse si somos dados al adocenamiento; o mejor dicho: si nuestra inclinación por esa condición es más frecuente de lo que prescribiría el propio sentido común. Resulta fácil abandonarse a la molicie y experimentar los sabrosos jugos del comportamiento mollar, situaciones en las que es fácil caer por comodidad y relajación de nuestros detectores de conducta racional.

No inquietarse, no he tomado los hábitos; aunque habito “las tomas”. No he asistido a un cursillo de cursilería ni acudido a una reunión grupal de ascetismo. Tampoco he sufrido lobotomía alguna, simplemente me he asomado al dintel de la realidad que me (nos) rodea. En especial en estos días que se encuentran en la unidad terminal del calendario, sin posibilidad de salvación.

Celebrando gástricamente la pre-defunción del año

Y como en los velatorios de antes, donde no faltaban los ágapes, celebramos gástricamente los lentos estertores pre-defunción del presente año de forma tridimensional: por todo lo alto, por todo lo ancho y, algunos, post-ingestión etílica, por todo lo bajo. No resulta difícil ver anegados los comedores y salones de bares y restaurantes, sin solución de continuidad, durante estos días; en especial durante el fin de semana.

Reuniones de amigos enemistados, de compañeros de empresa recelosos, despedidas entre bienvenidos al mercado laboral… ¿Y qué ocurre el resto del año, no hay algo que conmemorar? ¿Es obligada la celebración por real decreto que en ocasiones es un corsé de ficción? Reservas de grupos que inundan las mesas de forma desaforada dando rienda suelta al caballo del ocio gastronómico con las consiguientes coces de los excesos.

No siempre la caridad bien entendida empieza por uno mismo

Casi a la par se clasifica y reparte la pátina de opitulación exhibida por la cada vez más ingente concienciación colectiva vestida de ayuda paliativa que se ofrece generosamente a las llamadas clases más desfavorecidas: alumnos mendicantes y pupilos de la inanición. Campañas de recogida de alimentos que también deberían de ser más frecuentes en el tiempo, porque el  hambre no entiende de las estaciones de Vivaldi, pero sí de trenes de apoyo alimentario.

Navidad y se os dará. No siempre la caridad bien entendida empieza por uno mismo. Hay quien incluso hila más fino, acentuando el gesto de lo entregado en el sentido de que más valor tiene lo que se da cuando nos es necesario, que cuando nos sobra. Claro que el menesteroso no está en condiciones de diferenciar y valorar la categoría y origen de la ayuda.

Las Casas Consistoriales tampoco pierden ripio en la liturgia navideña haciendo un hueco a la exhibición de la conífera más alta y frondosa, que, con ornato e iluminación, satisfaga a la prole vecinal. Los comicios ya están aquí, y si no fuera por la Junta Electoral Central, los sobres y las obras de los candidatos competirían por doquier con las guirnaldas y bombillas.

Nos queda el atracón final del día 20, y urna vez más habrá que digerir los resultados ¿sorpresa? después de la pantagruélica campaña. Buen provecho a futuros agraciados con el “gordo” del sufragio.

Paco de Domingo