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Otras opiniones

Nairobi, perlas negras en Kenia

Febrero 28, 2013

Hoy me he propuesto escribir sobre una ciudad maravillosa, un poco lejana de la mía, pero con cierto carácter mediterráneo aunque se encuentre en un país plagado de bellas orillas al Océano Índico. Nairobi es la capital del comercio internacional del Este central africano, motor de riqueza para los sempiternos comerciantes holandeses, ingleses y alemanes. Las flores que luego son vendidas en los Países Bajos provienen en su mayoría de Kenia, al igual que el café y el té que puebla las estanterías de los comercios occidentales.

No en vano, en Nairobi se encuentran algunos de los edificios más emblemáticos de la África próspera y pacífica, entre los que se encuentran una sede de Naciones Unidas permanente y varias organizaciones del Comercio y la Alimentación Mundiales. Kenia no ha tenido una guerra desde hace décadas y la gente que la habita, unos cuarenta millones de almas -los hombres y mujeres de raza negra también la tienen aunque alguno se empeñe en negarlo-, hacen que este país sea muy parecido en extensión y población a España.

Caótica pero embaucadora

He visitado Nairobi en tres ocasiones. La primera de ellas, algo desorientado al llegar al aeropuerto Internacional Jomo Kenyatta, sufrí los controles exhaustivos de entrada y seguridad por doquier. Me produjeron una sensación cálida y de país desarrollado. En todo momento las autoridades keniatas se dirigieron a nosotros con absoluto respeto y en un excelente inglés. Me hizo pensar que la corona inglesa, en cada lugar que colonizaba, mantenía una parte de las tradiciones locales y añadía las costumbres de las Islas Británicas obteniendo un resultado excelente: una distinguida mezcla y un provecho mutuo.

El centro de la ciudad es un caos de circulación, se mezclan los coches y taxis oficiales, los matatu (taxis no oficiales con a veces más de 22 pasajeros en pequeñas minivanes), los coches particulares y un elevado número de camiones y vehículos de uso agrícola. No hay que olvidar que Nairobi vive de la agricultura en gran medida, del turismo mundial y de la gran cantidad de funcionarios de multitud de organizaciones gubernamentales y no gubernamentales existentes.

Los semáforos son casi virtuales, aunque existen, nadie respeta las luces verdes o rojas, se ha instaurado un método de conducir anárquico pero efectivo y los policías municipales poco pueden hacer desbordados por la sabiduría popular de los miles de conductores que ya saben llegar a sus casas sin la ayuda de la regulación automatizada del tráfico. No obstante a nadie se le ocurre cruzar la calle habiendo tomado las pertinentes lecciones sobre comportamiento peatonal y vial en Kenia.

Hoteles únicos con sabor inglés

Siempre nos habían dicho que no saliéramos de noche, que la ciudad era insegura sobretodo en la zona centro. Al parecer no era conveniente alejarse de los hoteles de renombre internacional que no viene al caso mencionar. Yo no he tenido nunca la sensación de inseguridad. Existe un hotel, que se encuentra en el barrio Karen y que se llama Karen Blixen Garden (Karen Blixen era la escritora danesa que Meryl Streep recrea en la inolvidable película Memorias de África). El hotel ha conservado los pequeños bungalows que se encontraban alrededor de la casa principal de la señora y que servían de alojamiento a quienes trabajaban en las plantaciones de té y café de la extensión.

Ahora, el edificio principal es un animado restaurante y un bar nocturno donde poder ver un partido de fútbol español –los keniatas están divididos entre el F.C. Barcelona y el Real Madrid- ya que son grandes aficionados a este deporte. No hay que olvidar que Nairobi se encuentra a una altura de 1.700 m sobre el nivel del mar y que el entrenamiento sin atmósfera de los atletas favorece su rendimiento en las competiciones internacionales.

El edificio en sí está rodeado de porches donde protegerse del calor húmedo de la estación seca, una constante en Kenia donde en zonas desérticas del Noreste, se alcanzan casi los 30 grados pocas horas después del amanecer y cerca de los 10 grados de noche. Los tejados vegetales ayudan a mantener el frescor interior y sirven además de integración en el paisaje allá donde la espesa arboleda surge y lo envuelve todo. Las dos épocas de lluvias son el contrapunto a este clima.

Una noche para vivirla

El agua siempre está presente, viniendo el nombre del vocablo masái –Enkare Nyrobi- (lugar de aguas frescas). El río Nairobi, que atraviesa la ciudad cerca de los edificios gubernamentales del centro, es una prolongación del cercano Valle del Gran Riff, mítico en numerosas películas y la fuente de la vida de la agricultura local con sus enormes terrazas plantadas.

Desde Nairobi se puede ver en días claros las cimas del Klimanjaro de la vecina Tanzania, que asoma con sus cumbres nevadas compitiendo con la máxima altura local, el Monte Kenia, que hace las veces de hermano menor.

La noche de Nairobi hay que vivirla para poder expresar con exactitud qué ocurre allí. Numerosos lugares de ocio y esparcimiento entre los que se encuentran el Carnivore, restaurante internacionalmente conocido por sus cientos de variedades de carnes (incluso cocodrilo) y por la animación hasta altas horas de la noche. Uno puede tomar una copa, pasando por probar lo que traducido del swahili viene a ser medicina, nada recomendable con el estómago vacío, por cierto.

Más adentrada la madrugada, en lugares como el Casablanca, con un ambiente muy parecido al del inolvidable Pachá de Ibiza, y en donde la comunidad internacional y muchos miembros del gobierno y sus familiares acceden para compartir un genial fin de velada, se pueden pasar las horas hasta ver de nuevo salir el enorme sol que quema día a día el altiplano de la capital.

Hakuna Matata (Todo va bien)

No puedo terminar este relato sin hablar de las bellas mujeres keniatas –perlas negras- que, de multitud de etnias y creencias, ayudan a no sentirse demasiado lejos de casa compartiendo una tarde de buena charla, una comida en cualquiera de los centros comerciales existentes o una velada en el Carnivore y, si <img width=”300″ vspace=”8″ hspace=”8″ height=”225″ align=”left” src=”/archivos2/nairobi2.jpg” alt=”” />da tiempo, un amanecer en el Casablanca.

Las más numerosas provienen de la etnia kikuyu, las masái no hace falta decir lo bellas y altas que son. Las merus, tampoco tienen nada que envidiar a las primeras y a las segundas ya que todas han podido acceder a las universidades keniatas que destacan por su calidad y preparación puntera en muchas de las carreras que se imparten.

En Kenia todo empieza a ir mejor dentro de la pobreza que todavía existe, –kibera- un barrio de más de un millón de habitantes chabolistas, muy cerca del centro de Nairobi y junto al segundo aeropuerto de la ciudad nos recuerda que la pobreza extrema está siempre presente en África.

El desarrollo sostenible y la protección del medio ambiente son pilares básicos de una saludable vida en el corazón de África que todavía tiene que luchar para erradicar la pobreza en muchos de sus lugares, en Nairobi no iba a ser diferente.

Quizás en un día no muy lejano, los países de esta zona a los que les une una curiosa y sonora lengua –el swahili-, puedan decir la célebre frase de la película de animación El Rey León: Hakuna Matata (todo va bien). Hasta entonces, un paseo por los inmensos parques de Nairobi, repletos de animales salvajes únicos y la prohibición de cazar existente en todo el país, son los legados de éste y de su capital para el mundo. Mimi kuishi na kenya (Yo quiero vivir en Kenia).

¡Hasta siempre Nairobi, nos volveremos a ver pronto!

Antonio Lambea Escalada. Arquitecto.