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Mensaje en una botella

Nadie Nóos ha regalado nada

Enero 31, 2013

Un día decidí pasar por la vida ligero de equipaje. ¿Para qué llevar encima pesadas cargas si el viaje no es muy largo y ya conozco la estación de Destino? Pero sé que no soy el único. Como éste que escribe hay muchos. Somos muchos los que tenemos lo necesario para intentar ser felices, los que aspiramos a disponer de lo justo para vivir con dignidad y los que no poseemos más patrimonio que nuestro mucho o poco talento para hacer algo útil por los demás. Somos muchos los que vivimos de paso, los que vivimos de alquiler y los que subimos diariamente al transporte público (en el que, además de contribuir a contaminar menos, se conoce gente).

Somos muchos los que hemos nacido en una familia que nos ha enseñado el valor del esfuerzo para conseguir las cosas, la razón de ser del tesón para conquistar cualquier bien material o el respeto que debemos profesar por el trabajo. Somos muchos los que hemos procurado aprender de los maestros en las aulas para formarnos y de los maestros en nuestra profesión para cumplir mejor con nuestro cometido. Hemos logrado vivir de nuestro trabajo, respetando a quienes también lo hacen y siendo respetados por ellos.

Afrontamos los problemas sabedores de que algunos no tienen solución, pero dueños de la esperanza como arma para intentar resolverlos. No podemos permitirnos el lujo de perder la esperanza porque estaríamos perdidos y, con nosotros, estaría perdido el mundo porque hay muchos como nosotros pisando el planeta. Somos conscientes de nuestra vulnerabilidad. Pero también somos conscientes de la fuerza interior que albergamos y valoramos esa fuerza hasta el punto de creer ciegamente en ella. 

Usted no sabe quién soy yo 

No nos consideramos una raza superior. Si lo hiciéramos, caeríamos en una peligrosa trampa: la de parecernos a quienes nos miran por encima del hombro porque creen que ser como somos nosotros significa ser del montón. En su soberbia está su debilidad. En su vanagloria está su fracaso. En su complejo de superioridad está su irremediable caída al vacío. Nosotros no pretendemos dar lecciones pero tampoco estamos dispuestos a recibirlas de quienes nunca quieren aprender. Preferimos recibirlas de quienes están dispuestos a enseñarnos con su ejemplo.

Nadie Nóos ha regalado nada. Ésa es la razón por la que tenemos derecho a despreciar a quienes se aprovechan del dinero público para engordar sus cuentas, a quienes pagan con el dinero de todos los trabajitos de articulistas de paso o a quienes utilizan el recurso del usted no sabe quién soy yo para llevárselo calentito. Me parece muy bien la máxima del <strong>ande yo caliente y ríase la gente, pero prefiero que cada uno entre en calor pagando la calefacción de su bolsillo. Como hago yo. Como hace usted. Como hacemos muchos a los que nadie Nóos ha regalado nada.

 

Juan Diego Guerrero es director de Noticias Fin De Semana en Onda Cero

Sígueme en Twitter: @juandiguerrero