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Atando cabos

Nada es como imaginábamos

Julio 29, 2012

Termina un nuevo curso político y, una vez más, nada es como imaginábamos. Ocurrió el pasado verano, con otras circunstancias, con otros inquilinos en Moncloa, pero con idénticos presagios. Todo ha sido, en este curso político que ahora termina, mucho peor de lo previsto. Ya no es cuestión de quien gobierne, de que color político lleva las riendas. Hasta hace seis meses las llevaba Rubalcaba y Zapatero, desde hace seis meses Rajoy y De Guindos. No es eso. La opinión pública no está en esa clave. Ya habrá tiempo de otras disputas políticas, o no. Pero ahora los ciudadanos se preguntan, nos preguntamos, qué está ocurriendo, cual es la solución, por qué las medidas que se proponen una detrás de otra no tienen respuesta.

A comienzos del pasado mes de agosto, nos habían convencido que las reformas económicas calmarían los mercados, que las cumbres europeas calmarían los mercados, que los rescates de países quebrados calmarían los mercados, y ahí han seguido los mercados, siempre agitados. Mercados, mercados…Llegó noviembre, cambió el gobierno de España, y Rajoy, todo hay que decirlo, comenzó por reconocer la dura realidad. Alcanzó también su aspiración máxima, la de ser Presidente (gobernar ya había gobernado) y dejó al PSOE en sus cotas más bajas. Rubalcaba salvó el sillón de jefe de la oposición, pero sigue hundido en las encuestas y sin previsible remontada. Tras la llegada de Rajoy al Gobierno también descubrimos que nuestro déficit público era muy superior al que nos habían dicho, que nuestro sistema bancario no era tan sólido como se presumía, que nuestro sistema autonómico levanta recelos enormes en Alemania.

Todo para cumplir el déficit, pero los esfuerzos no se ven recompensados

Todo lo pensábamos que no podía suceder ha sucedido. Subida de impuestos vía IRPF, subida del IVA, el incremento del copago farmacéutico, la reducción del dinero para dependencia, el céntimo sobre céntimo de la gasolina; los salarios han bajado en el sector privado y los han vuelto a bajar en el público; la jubilación se ha retrasado y la prestación de desempleo, a partir del séptimo mes, se ha reducido. Los compradores de vivienda se quedan sin deducción, las empresas sin bonificaciones en el impuesto de sociedades, los productores de renovables pierden las primas (y el negocio) y las eléctricas tradicionales preparan reajustes para hacer frente a sus nuevos gravámenes. Todo lo que se suponía que no iba a pasar, ha pasado. Todo para cumplir el déficit.

Pero hasta aquí hemos llegado. En este curso político y previsiblemente en este año no habrá más recortes. El cumplimiento de España se debe compensar. Y en este momento, ante la situación de emergencia del país la única situación pasa por el Banco Central Europeo con el permiso de la canciller Angela Merkel. O compra deuda soberana pronto, o inyecta dinero con urgencia, o de lo contrario España estará abocada a la intervención total. Antes de que eso ocurra, Mariano Rajoy se plantará. Y en ese momento, o lo consigue, o se planteará seriamente marcharse.

Pero antes de que eso ocurra, pasará este verano y habrá que esperar que algún rayo de esperanza no ilumine. Ya está más cerca. Es una etapa la que nos ha tocado ahora, que se está alargando mucho más de lo que nadie previó y mucho más de lo que nadie puede aguantar sin caer alguna vez en la tentación del abatimiento. Tal y como recordaba hace poco el periodista Carlos Alsina, “nos ha tocado entonar una canción triste todos estos años“. Toma una canción triste y mejórala. Las canciones, por tristes que sean, en algún momento…se acaban.

Juan de Dios Colmenero es Redactor Jefe de Nacional de Onda Cero Radio