Menú Portada
A renglón seguido

Morenés en defensa de Don Tancredo

Noviembre 3, 2015

Bueno, pues se acabó la angustiosa espera, y el vino del destino se ha decantado a favor de Esquilo, y la esperanza de un feliz resultado de vital continuidad se ha visto truncada por la tragedia del “maricidio” de los tres militares que habitaban la aeronave que se precipitó hacia los dominios de Neptuno, territorios en los que da cobijo no sólo a sus habitantes naturales, sino a involuntarios visitantes de tierra o aire.

Han sido rescatados los tres tripulantes súbditos del atribulado Ministro D. Pedro, quien, como primer peletero de su cartera, ha salido en defensa, durante un tiempo, de la justificación de sus tancrédicas declaraciones. José (capitán), Saúl (teniente) y Jhonander (sargento) localizados al cabo de una semana de búsqueda en el interior de un SuperPuma que, en una maniobra de ameriza como puedas, terminó por sumergirse en el Atlas de los océanos.

El Ministro, que habla de nuestros “compañeros” como si fuera militar de carrera, notificó el hecho al Rey y al presidente del Gobierno. Hay fundadas sospechas de que la ley no es igual para todos y tampoco el tratamiento empleado en ocasiones en la difusión del fallecimiento de otras personas víctimas de la ejecución de su faena. ¿Se comunica a las altas magistraturas el óbito de un currelante de la construcción que se precipita al vacío? ¿El de un pescador rescatado sin vida del mar? ¿El de un minero sepultado en un derrumbe? ¿El de un bombero de ciudad o forestal caído en el tajo? ¿El pirotécnico que sucumbe a manos de la pólvora?

Siete días de incertidumbre

Nuestros militares profesionales lo serán por vocación y/o por necesidad, pero en ambos casos el componente de riesgo: en combate, maniobras rutinarias o ayuda humanitaria, está presente. El valor se les supone, pero también la consciencia de que pueden caer en acto de servicio, reconociéndoseles con más facilidad aquél con diferentes condecoraciones, mismas que escasean ¿injustamente? en el ámbito civil.

Siete días de incertidumbres durante los cuales “estuvieron” alojados en una patrullera, cuando no en un barco pesquero o barajándose la carta de un secuestro por piratas. Tres respuestas erradas a cero euros cada una igual a metedura de pata sin par ministerial al fiarse de los partes informativos de nuestros vecinos alauitas de Mohamed VI. Una auténtica tomadura de pelo de los responsables norteafricanos y un fiasco del getxotarra ministro Álvarez de Eulate –dos veces Caballero- al no contrastar aquellos extremos.

Recordemos el reclutamiento de los quintos –pocos podían sustraerse a la obligatoriedad del irrenunciable compromiso patrio: huérfanos primogénitos de determinadas familias, privados de apéndices que dificultaran el normal desarrollo castrense de sus labores (empleo de armas) y enchufismos varios- contra su voluntad y la de sus propincuos, evolucionando en el tiempo hacia la castigada insumisión y la enrevesada acomodación en la objeción de conciencia; ambos comportamientos vistos por un sector de la población como un fenómeno de despatriotismo y desafección hacia su España.

En ausencia de guerra, descansen en paz.

Paco de Domingo