Menú Portada
Otras opiniones

Millares de pequeñas luces flotaban

Junio 26, 2014

TRAVESURA

Apenas se veía un retazo de césped entre la muchedumbre. La masa esperaba expectante el comienzo de los fuegos artificiales. Desde hacía varias horas habían ido tomando posiciones para el espectáculo. Una pareja que llegaba con la hora ajustada observaba con frustración el panorama. En un arranque de espontaneidad ella se cuela entre la gente hasta alcanzar la primera fila, junto al estanque. Ahí se detiene y hace señas a su compañero, para que se acerque. Éste, confiado, se dirige hacia ella para comprobar que no hay dónde sentarse. La mira, ella le devuelve la mirada y encuentran un momento de entendimiento. Está avergonzada y le busca para aliviar su sentir. Él, comprensivo, se solidariza y sonríe. Se agazapan la primera fila y esperan que comience el espectáculo, bajo la compasiva mirada de los demás.

FUEGOS

Comenzaron los fuegos y llegaron los destellos de colores, los petardos y la música. Los fuegos fatuos se consumían mientras la gravedad los conducía hacia el lago. Millares de pequeñas luces flotaban mientras la voz de Bonnie Tyler les recordaba que su existencia sería corta. Un paisaje apocalíptico se dibujó en el firmamento, la caída del imperio quedó reflejada durante unos instantes, detenido el tiempo y surgida la magia. Un cisne cruzó el estanque, ajeno a todo, aportando una majestuosidad que dignificó la escena. Las ascuas terminaron de caer libremente sobre las aguas. 

ABUSO

Le preguntó si podía ayudarle con un encargo. Tenía tantas cosas en la cabeza que no sabía por dónde empezar. Ella se prestó amablemente. Poco a poco, le fue transmitiendo la magnitud de lo que esperaba de ella. En un cierto momento, le interrumpió con la mano.

       ¿De verdad esperas que haga todo esto yo sola?

       Lo cierto que es pensaba que dirías “basta” hace mucho tiempo, pero como no has dicho nada…

       Entiendo, es la estrategia de “a ver hasta dónde cuela”. Pues resulta que no puedo hacerte ningún favor, porque tengo que salir a un recado.

Tras lo que se despidió cortésmente y se marchó, dejándolo con todas las cosas que tenía en la cabeza más un sentimiento de remordimiento y algo menos de tiempo.

© Javier González Cantarell