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A renglón seguido

Medallas ex aequo

Septiembre 1, 2016
beitia

Los milagros existen. Los protagonistas que han posibilitado tal circunstancia han sido los silenciosos e intemporales Dioses del Olimpo, quienes han evitado que la reunión deportiva en el país del samba haya alcanzado cotas de desastre. Y si no… que se lo pregunten a los más de diez mil deportistas, los contados aficionados con desafección y algunos cientos de miles de turistas que se han reunido, cada oveja con su pareja o desparejados, para la celebración de los últimos Juegos.

Durante poco más de dos semanas la sospecha de la corrupción de los mandatarios los salientes Lula y Dilma –¡Ábreme la puerta!- ha convivido con la irrupción de un grupo humano que buscaba la gloria y el reconocimiento para sí y los suyos a pesar de robos y saqueos con los que han tenido habitar en la villa olímpica brasileña. ´Orolímpicos´, ´plateros´ –y yo, que no estaba,-, ´bronceados´, diplomados y decepcionados reunidos en busca y captura del citius, altius, fortius.

Lo importante no es sólo participar, sino, a ser posible, ganar; o compartir el sabor del podium. Como en natación (final 100 metros butterfly men) que se entregaron (ex aequo) tres medallas del mismo color, nada más y nada menos –nunca mejor dicho-, para la ajustada segunda posición ocupada por tres peces, que se escamaron al ver que, desde su condición de favoritos para optar al oro, se vieron relegados al consuelo, no regalado, del techo argentado. Un ferviente epígono singapurense Schooling se le subió a las barbas al prognato barbilampiño <baltimorense> que mora las aguas. Y en piragüismo dos bronces en la prueba individual de K1 200 metros –¡Qué nervios!- en aguas tranquilas: Craviotto y un alemán.

La verdadera altura de nuestras posibilidades

En ambos casos no se tiró, para desempatar, de los mejores tiempos en las eliminatorias previas de clasificación para la soñada final. Sin embargo, en el Salto de altura, y esto me puede costar la retirada del pasaporte de españolía, no se aplican los mismos criterios. La saltadora española Ruth Beitia consiguió el oro; pero no por saltar más, sino por haberlo efectuado limpiamente: sin nulos previos.

Sin quitarle un ápice de mérito a la ´talludita´ deportista, ¿No se podía haber premiado con el mismo tono de metal a las tres resignadas compañeras de listón y colchón que también alcanzaron la altura (1,97 m.) que acreditaba a la española como ganadora procediendo a simultanear su triunfo con las rivales? ¿Por qué distintos criterios reglamentarios para las diferentes disciplinas deportivas concurrentes a los mismos Juegos?

Me resulta también llamativo el lugar ocupado por nuestro país en el medallero: el puesto décimo cuarto con diecisiete metales y el metálico que conlleva; por detrás de R.U., Alemania, Francia, Italia e incluso por debajo de los Países Bajos y la zíngara Hungría. Estos logros son el fruto del árbol de la economía que ¿más crece? de la U.E. y economiza, con recortes, en el I+D+I deportivo.

¿Es ésta, como en el salto –bajito, bajito-, la verdadera altura de nuestras posibilidades?

Paco de Domingo