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Los puntos cardinales

Me llamo Obama, no Murphy

Diciembre 9, 2010

Los efectos del varapalo sufrido por Barack Obama en las Legislativas Parciales de Noviembre empiezan a verse. Su debilidad le ha obligado a extender la rebaja fiscal para quienes más ingresan, una medida contraproducente que en su día puso en marcha la Administración Bush. Así que, con este tipo de contrariedades, podemos concluir que Zapatero sí tiene quien le escriba y puede escudarse en el ejemplo de un modelo de origen marcadamente social como el de Obama, que tiene que sortear como puede los meandros del capitalismo cotidiano. El presidente norteamericano ha acabado por doblar el brazo en un asunto doméstico de gran trascendencia que, a la sazón, ha abierto un fuerte debate en el seno del Partido Demócrata, algunos de cuyos miembros no entienden esa suerte de rendición frente a los poderosos de la parte alta de Manhattan.

Eso en casa. Porque otro de los asuntos prioritarios de la agenda diplomática de Obama es Oriente Medio. En esto, la Casa Blanca también se ha visto obligada a claudicar ante Israel, de modo que la exigencia para que finalizase la construcción de nuevos asentamientos judíos en zonas palestinas ocupadas ha pasado a mejor vida.
Son días estos en los que el saber popular llegaría a la conclusión de que al bueno del líder del mundo libre le crecen los enanos.

Estos dos contratiempos han surgido sólo unos días después de que comenzásemos a conocer la serie Wikileaks. Al margen de la gravedad de los asuntos revelados, la mayoría sospechados cuando no conocidos, lo que ha puesto de manifiesto la maquinaria de Julian Assange es que la estructura de los secretos de la primera potencia tiene más rendijas que la casa de la Familia Monster.

Pero no queda aquí el efecto húmedo de las filtraciones. Esta semana también hemos sabido que la NASA vendió al menos catorce ordenadores, de los que alguien, por error u omisión, olvidó borrar los discos duros. Por ello resulta curioso que Estados Unidos, al igual que otros aliados como el Reino Unido, vengan poniendo el acento en los riesgos del terrorismo informático como la gran amenaza del siglo XXI. Con todo lo anterior, cabe pensar si, como asegura una de las leyes de Murphy, prevalecerá sobre todo lo demás aquello que más daño pueda causarte.

Ángel Gonzalo, redactor jefe Internacional de Onda Cero.