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A renglón seguido

Mariano y un Donnadie

Septiembre 6, 2016
investidura

Desconozco la intensidad de lo que supone tener una agenda apretada. Entre otras cosas porque para mi actividad personal y profesional las anotaciones han residido, hasta la fecha, en el abigarrado inmueble de la memoria: con el riesgo que conlleva. Pero nuestros cargos políticos gubernamentales sí la llevan encima, hecha a la medida de sus posibilidades, como las ropas que lucen al vestir: para que no aprieten ni hagan extraños.

Precisamente de trajes a la medida, que es lo que son las elecciones, y de política hecha jirones estamos bien servidos estos días. El partido del Gobierno se rasga las vestiduras al no alcanzar la vestimenta de la investidura para su barbirrucio alfayate, que a lo más que ha llegado ha sido a hilvanar un acuerdo con su marca blanca de C´s, que es la que persigue lavar más blanco dándole jabón al maniquí de Moncloa y asociados de altos vuelos (por lo del charrán). Un pacto de paz para hoy y ¡hombre para mañana… ya veremos!

Falta parresia y amarulencia

De nada han servido las frecuentes ovaciones vertidas sobre el candidato Brey durante las sesiones de aproximación a la renovación del cargo que ostenta en funciones. Arropado por su claque y enfundado en la desenfadada socarronería, doméstica ironía, barata anfibología y pretendidas gracietas varias, división de opiniones en el coso del hemiciclo: 170 apoyos de su corifeo frente a 180 rivales que no han dado su voto a torcer.

A destacar también la falsa parresia y amarulencia del portavoz de los populares (Rafael Hernando) tratando al “enemigo” como si se encontrara en sede judicial defendiendo a su patrocinado proyectando sus bofes sobre el auditorio. Gusta de tentarse la ropa con la mano izquierda, mientras larga su perorata de bomba racimo, a la falda derecha de su chaqueta americana, como si se palpara para comprobar que no le han distraído el mechero o si le vibra el celular, que, al contrario que él, estará en silencio; o no.

¡Y vuelta la borrica al trigo!

La voluntad de los españoles, según criterio de los genovitas y adláteres, es que gobierne el P.P., pero no reparan en un detalle nada desdeñable: que por el camino hacia la revalidación del gobierno se han dejado dos millones y medio, largo, de votantes que le han dicho largo: eso también es voluntad, y muy soberana, del pueblo. Como bien recordaba este fin de semana el presidente del pépé riojano –una obviedad por otra parte-: “Los ciudadanos son los que quitan y ponen”. ¡Sin despeinarse y tan ancho!

¡Y vuelta la borrica al trigo! Otra vez a vueltas con los intereses generales de los españoles. ¿Seguro? Cuando Ciudadanos presentó sus puntos, seis, para un entendimiento con los ´populares´, el ciudadano Mariano convocó al Comité Ejecutivo Nacional para su valoración con una demora de siete días. Fallida la segunda intentona de investidura reunió a dicho comité al día siguiente: una curiosa forma de urgencia selectiva

“Nadie me ha dicho que me aparte” –arguye el compostelano. ¡Pues obedece a donnadie caramba!

Paco de Domingo