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¡Qué fuerte!

Maltratadora, tú también eres mierda

Diciembre 18, 2014

Como iba diciendo en el artículo anterior, también existe la violencia de género, llamémosla feminista, la ejercida por la mujer sobre el hombre, que es igual de injusta pero que, por desgracia, está en inferioridad de condiciones con respecto a la violencia machista, porque en este caso no hay igualdad y la balanza siempre se inclina hacia ellas por ser, normalmente, las más perjudicadas. Pero, ¿qué pasa con esos hombres que sufren el maltrato, casi siempre psicológico, y en algunos casos hasta físico, de sus parejas o exparejas? Los hay y muchos. Sobre todo sucede cuando deciden irse, separarse, cuando comienza su particular calvario. Ellas, despechadas y obsesionadas, no les dejan en paz. Les acosan con mensajes del tipo: si no estás conmigo no estás con nadie” cuando intentan rehacer sus vidas. Les atosigan con llamadas, mensajes de whatsapp e emails sin piedad, con amenazas unas veces y otras con tono arrepentido y suplicante. Insoportables. Se convierten en una pesadilla para el hombre que hace que se desespere ya que ellas están, de esta manera, siempre presentes impidiendo que rehagan su vida.

Eso es acoso. Insultos, amenazas, persecuciones e incluso denuncias. Denuncias falsas que, sin antes comprobar y sin derecho a la presunción de inocencia, hacen que un hombre pase la noche en un calabozo porque a una tipa se le ha cruzado el cable y dice que le ha pegad, sólo para vengarse por haberse ido de casa o por celos. Ellos también sufren esto por parte de ellas. Son tratados como escoria, machacados psicológicamente y manipulados, sobre todo cuando hay hijos de por medio. Ellas usan a sus hijos como moneda de cambio para hacer con ellos lo que quieran. Ponen condiciones tipo “te los dejo una hora mas o este fin de semana a cambio de…” Y no se puede hacer nada ya que ellos entran al trapo con tal de estar un rato mas con sus hijos.

Mujeres que utilizan a sus hijos

Cuántas mujeres hay que intentan por todos los medios que sus hijos no vean a sus padres o que pasen el menor tiempo posible con ellos. Cuántas hablan mal de sus padres a sus hijos creándole al niño una duda sobre si su padre es realmente bueno o malo y llegando a veces a poner a los hijos en contra de los padres. Hijos manipulados con actitudes y palabras para que no quieran estar con el padre. Conozco casos de mujeres que rompen cualquier regalo que el crío lleva del padre a la casa de la madre. Esa arpía hace desaparecer unos zapatos, un colgante o unos pendientes para que la niña no recuerde al padre a través de su regalo. Rompen un coche de juguete a propósito para que el niño no pueda jugar con ese juguete que el padre le ha comprado con tanto cariño. Todo esto es violencia de género, pero feminista.

Eso es maltratar, y no sólo al padre, que está muerto en vida por la presión psicológica y las acciones de ellas, sino también a los hijos porque, con esas cosas, a quien mas perjudican es a sus propios hijos, lo cual demuestra lo poco que deben quererlos y que en realidad son ellas quienes tienen un problema psicológico además de la maldad. Niños que, con un poco de suerte, con el tiempo verán la realidad, entenderán y castigarán a la madre por esa maldad contra el padre y por haberles privado de disfrutar más de ellos. Hay hombres destrozados, maltratados psicológicamente, amenazados y acosados, sufriendo la maldad de esas mujeres que no son capaces de asumir que ya no hay amor, que ya no las quieren, quizás, precisamente, por tanta maldad como han visto en ellas. Hombres cuya separación, en lugar de ser una liberación, es un castigo, pues ellas hacen que, manipulando a los hijos, vivan angustiados, desesperados y sin derechos sobre sus hijos, hijos que existen gracias a ellos, porque sin un espermatozoide no hay feto. Ojalá la justicia fuera más justa para estos hombres maltratados.

Rosana Güiza